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Amador Menudo Sivianes_________
Una vida así, ¿merece la pena?
AUTOR: Amador Menudo Sivianes
Amador Menudo Sivianes hizo
estudios en Roma, París, España.
Es licenciado en Teología
Dogmática, en Arte sagrado.
Doctor en teología moral, bajo
la especial dirección del célebre
padre Bernhard Häring. Toda
su vida la dedicó a la formación
de profesores cristianos y
a promover la catequesis en su
diócesis. Siempre fue profesor:
En la Universidad, 20 años en el
C.E.T. (Centro de Estudios Teológicos),
formando generaciones
de sacerdotes diocesanos y
religiosos, también fue párroco.
Padre espiritual y formador durante
ocho años en el Seminario
Menor de Pilas. Ocho años en
televisión. Dos en Radio Nacional.
Delegado episcopal de varias
actividades. Conferenciante
diario. Recorrió toda España
y América, de norte a sur, dando
cursos de espiritualidad. Hoy
vive jubilado. Rodeado de silencio,
oración y un solo libro: el
Evangelio, conectando con Dios
en la noche y durante el día.
TÍTULO: Una vida así, ¿merece la pena?
El autor de este libro es Amador Menudo Sivianes,
simplemente sacerdote. Renunció desde el inicio
de su ministerio a otras dignidades: ser canónigo (al comenzar
su sacerdocio y posteriormente tres veces más),
y obispo. Desde su primera juventud, antes de entrar en
el Seminario, renunció a lo que se pronosticaba como un éxito en su vida: el arte. Fue Seise solista en la Catedral de
Sevilla. Interpretó el solo del Miserere de Eslava, que se
cantó por última vez como parte de los Ofi cios litúrgicos
de Semana Santa. Desde entonces recorrió varias provincias
cantando con orquestas en ciudades y pueblos.
Cuando entró en el Seminario, había estudiado solfeo,
varios años de piano, canto, dirección de coro, gregoriano… Hacía escultura, pintura, poesía. Optó por lo mejor
de las artes: ser sacerdote.
LEER UN FRAGMENTO: Una vida así, ¿merece la pena?
Éramos cuatro hermanos. Nuestros padres eran sencillos,
con grandes valores evangélicos y estimados como
personas buenas y honradas. Mi padre trabajaba sus horas
y descansaba. Mi madre trabajaba todos los días y
todo el día. Decía de mí que era el hijo más travieso y
al que más había que reñir porque era muy inquieto. Mi
espíritu alegre y jovial hacía de mí un chico muy comunicativo
y una forma de manifestar mi alegría era cantando
en todas partes. Como todos mis hermanos, me eduqué en un colegio público. Sin embargo, todo lo que después
fui lo debo fundamentalmente a los primeros infl ujos de
mi familia.
Mi hermana mayor, Conchita, que tuvo una maestra
genuinamente religiosa, ejerció una decisiva infl uencia
en la vida religiosa de la familia. Conchita hizo que la fe
creciera en toda la familia. Y sobre todo en mí.
(...)
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