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  Eduardo Férez Vico__________    
                       La granja de gallos sin nombre


AUTOR: Eduardo Férez Vico

Eduardo Férez Vico nace en Sabadell (Barcelona) en 1970. Amante del contacto físico con urbes de calles olvidadas y personas sin nombre, que han marcado su visión de un sistema que se desmorona irremediablemente, e influencia su escritura, basada en la experiencia de los detalles cotidianos del día a día anodino en el que nos movemos.

Fascinado por la lectura de los grandes escritores Españoles y Latinoamericanos de finales del XIX y primera mitad del siglo XX, decide escribir ésta, su primera novela, como un entretenimiento apasionante,
o tal vez como un ejercicio liberador de su alma a todos los proyectos frustrados de su vida, igual que los personajes de la novela.

TÍTULO: La granja de gallos sin nombre

La granja de gallos sin nombre es una novela que nos introduce en la vida de personas de carne y hueso, personas reales que sufren en silencio, gente anónima que habita en la gran ciudad –en este caso Barcelona, pero podría haber sido cualquier otra–, y deambulan sin rumbo hacia la deriva, buscando un salvavidas en medio de la tormenta que los rescate de su naufragio particular. Óscar, su protagonista, es un joven de veintiséis años, de familia muy acomodada, que permanece enclaustrado en su habitación por pánico al mundo exterior. Es el reflejo de una juventud sin futuro, exenta de perspectivas y distanciada de sus padres por un abismo generacional, que busca refugio en la soledad como remedio a sus incertidumbres.

Un día, Óscar conoce a Laura. Una chica muy distinta a él, alegre y callejera, que le hará cambiar la visión que tiene de la vida. Óscar, sintiéndose protegido por Laura, tomará de nuevo contacto con el mundo que hay fuera de su habitación, con ese mundo que tanto le aterra y descubrirá que es peor de lo que imaginaba.

LEER UN FRAGMENTO: La granja de gallos sin nombre

No puedo decir con exactitud cuándo empezó mi aislamiento, cómo fui encerrándome dentro de una urna, invisible y cegadora, de la que no quiero salir y en la que vivo despacio. El doctor dijo que era un trastorno mental bastante frecuente en jóvenes nipones. Allí lo llaman hikikomori, una perturbación del curso normal de las actividades psíquicas, que puede estar causada por miedo, sentimiento de culpabilidad o inferioridad. Aquí lo llamamos agorafobia y, sin ser nipones, parece que empezamos a sufrirlo, a nuestra manera, nada sofisticados, simplemente dejamos de ser felices. Lo que sí puedo afirmar es que hace tres meses que no salgo de casa. El contacto que tengo con el mundo es mi ventana, una abertura luminosa en la pared que muestra lo que quiero ver, como un televisor de grandes dimensiones, que sólo proyecta realidad cuando está apagado, reflejando la mirada temerosa de los que esperan.

 

(...)

 

 
 
 
 
 
 
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