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Jose Bueno Laserrada_
El Monje
AUTOR: Jose Bueno Laserrada
José Bueno Laserrada nació en
Sos del Rey Católico. A los 4
años la familia se trasladó a
Luceni, donde se arreglaron
con el sueldo que el padre recibía
del Estado y una mini granja.
A los doce años se trasladó a
Zaragoza con sus abuelos, recorriendo
diferentes colegios
hasta entrar a trabajar en M.M.
y C., alternado el trabajo con
viajes por España. Montó una
empresa con sus hermanos y
siguieron los viajes hasta que se
casó en Albacete, después de
haber recorrido Marruecos e
Ifni, Jordania y Arabia Saudí;
también todo el centro de
Europa: Portugal, Francia, Italia,
Islas Canarias, Las Azores,
además de California y México,
así como diversos lugares de la
Península. Se estableció en
Zaragoza formando una familia.
Cuando la edad se apoderó de
su alma viajera, comenzó a
escribir sus viajes en su retiro
en Zaragoza.
TÍTULO: El Monje
“Vino al mundo sobre el año de gracia de
1494 aproximadamente, sin que tenga
certeza año más o menos, reinando en
España Fernando e Isabel, llamados por
el clero Reyes Católicos.
A los pocos días de nacer le dejaron en el
quicio de la puerta de una humilde familia,
donde debió de hacer una de sus primeras
comidas, como no llegó con un pan
bajo el brazo (ni siquiera migajas). No tardaron
en llevarle a un convento de religiosas
para quitarse de en medio una boca
más, que junto a las siete que ya tenían, no
se podían permitir más repartos de la
poca comida que podían recoger tras
muchos esfuerzos...”
LEER UN FRAGMENTO: El Monje
Se dieron un abrazo y cada fracción siguió su camino.
- Aquí está donde les engañaron, cegaron el camino principal,
abrieron este que lleva a las montañas, ahora nosotros
debemos seguirlos, hay algo que es importante, por aquí ahora no han pasado, no nos podemos confiar, nos pueden
alcanzar y esperarnos donde les interese, así que hay que
tener cuidado.
Llevaban como quince días, y los guías estaban inquietos
como olfateando algo que a los demás no les afectaba, se
salió del grupo, les adelantó en una carrera veloz uno de los
guías, volvió sudoroso, habló con su hermano, fueron los dos
a hablar con el capitán que les vio con inquietud.
- Nos están esperando en un cañón, en el recodo del río,
son como unos sesenta, tienen grandes piedras para espantar
los caballos y aplastar a los soldados, tienen vigías y
están al acecho.
(...)
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