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  José Luis Arroyo Argudo_
                 Cuernoquemado

AUTOR: José Luis Arroyo Argudo

José Luis Arroyo Argudo nace en Valencia en el año 1962, acontecimiento que sus hijos (criaturas con un concepto de la simpatía ciertamente confuso) datan en una lejana Edad Media. Reacio a hacer públicos sus relatos (bien por falta de ambición, bien por respeto a los demás), es su insensata mujer quien le anima a participar en algún que otro certamen literario.

El microrrelato Postales, publicado el 24-12-00 en El País Semanal, Bajo las aguas, cuento finalista del IV Certamen Edisena de Cuentos Cortos Cortos, publicado en 2001 en el volumen El cuarto de los cuentos (base del cortometraje Con una enorme sonrisa, premiado en el Certamen Valencia Crea 2006 en la categoría de Cortometraje), Atrapando la luz, relato finalista del 4º Concurso Literario Rochas, publicado en 2001 en el volumen Esencias-4, y En el camino, relato finalista del XXXIV Concurso de Cuentos Hucha de Oro, convocatoria 2006, publicado en el volumen Carne de exportación y otros cuentos, son, entre otras, algunas de sus ocurrencias.

TÍTULO: Cuernoquemado

“ Tengo sesenta y cinco años, y todos los habitantes de la pequeña ciudad donde resido me conocen por el apodo de Cuernoquemado. Fui sargento de la policía municipal durante treinta años y me retiré hace cinco (…) Mis ocupaciones pasaron a ser la lectura, los paseos y la tertulia en el café con los parroquianos de costumbre. Invariablemente, siempre terminábamos hablando de los viejos tiempos. Basta, me dije un día (…) un hombre no puede vivir de su pasado, menos aún del pasado de los demás (…) La vida continúa, a pesar de la edad, hay que tomar las riendas y estar dispuesto para la acción. No fue ésta una decisión premeditada, a decir verdad, surgió inesperadamente, como un pedo sonoro que no esperas que lo sea, como una cagada de pájaro en un lugar sin árboles, como un chaparrón un día soleado. Tan sólo necesitaba una cosa. Oportunidad ”.

LEER UN FRAGMENTO: Cuernoquemado

Me encontraba en la biblioteca pública consultando algunos libros cuando apareció el teniente Criadillas vestido de paisano, camisa de manga corta y pantalón y chaleco vaqueros. Se acercó sigilosamente y se sentó frente a mí, al otro lado de la mesa, una larga mesa común con seis sillas a cada lado. El calor era insoportable a pesar de los ventiladores del techo. Estábamos solos.

- ¿Qué hay, Criadillas? —mi fijé en sus ojos azules, que echaban chispas. Llevaba el cabello muy corto y se estaba quedando calvo por la coronilla. Un fino bigote se deslizaba por encima de su labio superior.

- Escuche, Cuerno… —se interrumpió de repente, incómodo-, disculpe, a fuerza de hacerse llamar así nunca consigo recordar su nombre.

- Ah, Criadillas, cuánto le queda por aprender. Llámeme Cuernoquemado, como todo el mundo. En este pueblo, que a uno le llamen por el apodo es signo de distinción y aprecio. Puede que con el tiempo también usted consiga el suyo.

- Como quiera, Cuernoquemado. He sabido de su visita a Lilí Cataplín…

 

(...)

 

 
 
 
 

 

 
 
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