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Rafael del Campo Vázquez_
Como el agua
AUTOR: Rafael del Campo Vázquez
Rafael del Campo nació en
Córdoba. Es abogado y auditor
de cuentas. Profesionalmente
se dedica al Derecho
Tributario, disciplina que enseña
en la Universidad.
Además de su familia, tiene otras
pasiones: la caza, los toros, el
campo, la lectura... Todas, en
mayor o menor medida, se encuentran
en sus relatos.
TÍTULO: Como el agua
Cinco relatos breves y tres cuentos más
“…Una historia contada en veinte páginas
puede ser algo perfecto, jugoso, tierno
o desgarrado en tanto que la misma narración
expandida se dispersa perdidas la
fuerza y la densidad.
Cuando, como es el caso de Rafael del
Campo, además de acertarse en la elección
de las historias, se emplea un lenguaje rico,
anclado firmemente en el suelo andaluz,
surgen estas deliciosas narraciones que
deben paladearse sin prisas, volviendo
sobre algún párrafo, en un cómodo butacón
y manteniendo el libro bajo una luz íntima
que recoja el espacio.”
Mariano Aguayo
LEER UN FRAGMENTO: Como el agua
A través de los visillos de la ventana entraba una luz
dulzona que anunciaba un día luminoso y templado. El otoño estaba cursando beneficioso aquel año: las lluvias
abundantes dejaban los campos húmedos y esponjosos y
luego, ya exhaustas las borrascas, se abrían amplias claridades
que se prolongaban durante varias jornadas, y el sol
templaba la tierra, y todo discurría con sosiego de acuerdo
con los favorables ciclos naturales y, por ello, los olivos
estaban recargados de frutos, unas aceitunas gordas y brillantes,
como perlas arbóreas y fragrantes.
Fue en esa mañana calmosa y optimista cuando Don
Amadeo, hombre cultísimo, maestro nacional, republicano
y masón sorbió el café, retorcióse el bigote, tomó la palabra
y, dirigiéndose a su hijo, un mozuelo de no más de 8
años, sentenció:
- Hijo mío, tu problema es que eres tonto o, lo que es lo
mismo, tienes la inteligencia menguadilla, y claro, si Dios
existiera, que no existe, podrías aspirar a ser feliz en el
Más Allá; pero como no hay Cielo, sólo te queda ser infeliz
en este mundo y luego morirte.
- Sí, padre, asintió el niño con una sonrisa dulce, tenuemente
boba.
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