| |
|

|
|
Álvaro Gustavo Vitores__________________
Ciencia y Técnica en el Antiguo Mundo Romano
AUTOR: Álvaro Gustavo Vitores
Álvaro Gustavo Vitores González (Madrid,
1959) es doctor en Ciencias Físicas,
en la especialidad de Astrofísica,
y catedrático de la Escuela Universitaria
de la Universidad Politécnica
de Madrid. Imparte clases de Física
(1985-actualidad) para ingenieros, así como de Historia de la Ciencia y de la
Tecnología (2004-actualidad), tanto
como asignatura de libre elección
dentro de los planes de estudio de
Ingeniería como para alumnos de
Doctorado, en la Escuela Universitaria
de Ingeniería Técnica Industrial
de dicha Universidad, centro del que
también fue director (2000-2004).
En esta misma editorial, el autor ha
publicado La vida, pero vista por un
perro (2009), una divertida obra,
mezcla de humor y etología canina,
en la que transmite la curiosa forma
de pensar de su perra Linda (1996-
2008).
TÍTULO: Ciencia y Técnica en el Antiguo Mundo Romano
Dentro de las grandes culturas de la antigüedad occidental, es
con los griegos con quienes surge el verdadero pensamiento
científico. Sus sucesores temporales, e incluso culturales, los
romanos, suelen presentarse como los responsables de una gran
potencia militar capaz de mantener unificados, durante varios
siglos, territorios y pueblos de índole muy diversa.
Es innegable que de los romanos heredamos el derecho, la
lengua o la literatura. Pero además, a ellos les debemos
diversas ideas y teorías científicas, así como, sobre todo, su
avanzada ingeniería. Por ello, este libro pretende describir el
estado y evolución de la Ciencia y de la Técnica en el mundo
antiguo bajo dominio romano, abarcando para ello temas que
van desde su propuesta de un nuevo calendario, del que deriva
el actual, hasta sus acertados sistemas ingenieriles de
distribución de agua a las ciudades, pasando por sus avances
en campos como la arquitectura, la química o la minería, sin
olvidar las ciencias de la salud.
En esta obra se pretende, pues, dar una visión del mundo
romano que vaya más allá de la tradicional idea de que esta
cultura fue una simple potencia política con un afán militar
de expansión territorial continua. Y tampoco pretendemos
quedarnos con la impresión, a todas luces injusta e
insuficiente, de que los romanos, a diferencia de los griegos,
se preocuparon tan sólo de aquellos avances técnicos que
facilitaran sus conquistas, marginando el pensamiento más
científico frente a los logros prácticos.
LEER UN FRAGMENTO: Ciencia y Técnica en el antiguo mundo Romano
Pero uno de los aspectos por los que más recuerdo se tiene de la
avanzada técnica de construcción romana es el de la ingeniería hidráulica,
desde la etapa de recogida de agua en el lugar de origen
hasta su posterior traslado y suministro final a los lugares de destino.
El grado de desarrollo de la ingeniería romana es sobre todo conocido
por la maestría de sus acueductos: los romanos no eran partidarios
de vencer los desniveles mediante la sobrepresión del agua
que permitía remontar grandes alturas, como habían demostrado los
griegos, por lo que frecuentemente atravesaban dichos desniveles
mediante canales sobre puentes arcados, los llamados acueductos
(aunque, estrictamente, esta palabra designa a cualquier conducción
de agua, esté o no elevada sobre el suelo); sin embargo, siempre que fuera técnicamente aconsejable, en muchas ocasiones los largos tramos
de dichos acueductos no transcurrían sobre arquerías, sino que
iban a nivel de suelo o enterrados bajo el mismo.
Estos sistemas de suministro de agua para los pueblos y las ciudades
romanas se empezaron a levantar en la ciudad de Roma desde
el s. IV a.C. Sin embargo, debe decirse que los acueductos no fueron
un invento romano, ya que algunos, aunque mucho más modestos y
en menor número, habían sido levantados antes por los mesopotamios
hacia el s. VIII a.C., y también los griegos habían dotado a sus
grandes ciudades de estas instalaciones, por ejemplo, en Samos en
el s. VI a.C. El primero de los acueductos romanos fue el Aqua Appia
(llamado así en honor a Apio, censor de Roma) del 312 a.C., de unos
18 km de longitud, la mayoría de éstos subterráneos, y que suministraba
cerca de 74000 m3 de agua cada día. En el 272 a.C. se construiría
el segundo, el Anio Vetus, que aunque tenía una longitud total
cuatro veces superior al anterior (la mayoría también bajo tierra), fue
realizado en tan sólo tres años, y que suministraba ya unos 176000
m3 de agua diarios procedentes del alto valle del río Anio. Este acueducto
se vería luego superado por el Aqua Marcia (144 a.C.), el más
largo, con 91 km de longitud, y que daría a Roma unos 188000m3
de agua cada día. El cuarto y último acueducto republicano de Roma
fue el Tepula (125 a.C.), una instalación secundaria, de unos 18 km
de longitud, que complementaba a los anteriores con unos 18000 m3
más. Los caudales iniciales de estos acueductos serían luego incrementados
en época imperial mediante sucesivas conexiones de nuevos
ramales. Y es que, como veremos más adelante, esta ingeniería
del acueducto llegaría a su máxima expansión en época imperial, a
partir de finales del s. I d.C., donde por ejemplo en Roma y en esta época se recibía el agua suministrada ya por nueve acueductos.
(...)
|
|