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Ana María Preckler __ _______
Cantos de isla y océano
AUTORA: Ana María Preckler
Ana María Preckler nace en
Tenerife y desde muy joven se
traslada a Madrid, con motivo
de su matrimonio. Tiene cuatro
hijos y once nietos.
Es licenciada en Geografía e
Historia y en Historia del Arte, y
graduada en Artes Aplicadas y
Decoración de Interiores. Realiza
numerosos cursos de Filosofía,
Arte e Historia, y vive cuatro años
en Inglaterra, Estados Unidos y
Alemania.
Durante una década escribe las
Crónicas de Arte de la Revista
Cuenta y Razón. Es autora de
numerosos libros y novelas,
algunos en fase de edición. En
el año 2003 publica en la
Editorial Complutense su gran
proyecto, la obra en dos tomos
Historia del Arte Universal de
los siglos XIX y XX, así como el
libro de poesías Esbozos y
Pensamientos.
TÍTULO: Cantos de isla y océano
Entre las numerosas poesías escritas por
la autora se encuentran seleccionadas de
forma muy especial las dedicadas a Canarias y
más en concreto a Tenerife, su isla natal. Las
realizó a lo largo de un tiempo en el cual su
madre se encontraba muy enferma y ella la iba
a visitar con frecuencia. En aquel tiempo efectuó con su hermano Santiago algunas visitas a
hermosos lugares de la isla que desconocía, y
mientras él conducía ella escribía. Los poemas
tienen una gran influencia de la música
folklórica canaria: isas, folías, malagueñas y
otros estilos que la autora aprendió a cantar y
tocar con el timple y la guitarra de niña.
También hay una fuerte influencia de la costa
de Valle Guerra debido a “Tabaibal” la finca
de plataneras de su padre; allí donde acababa
la plantación surgía un acantilado impresionante,
por el bramido del mar y su estremecedora
soledad. El mar penetraba por entre los
charcos de la lava negra y rompía incesante en
mareas de nívea espuma.
LEER UN FRAGMENTO: Cantos de islas y océano
Yo volvía
A mi madre
Yo volvía a mi isla y yo sabía
que todo había cambiado,
que aquella isla abrupta en demasía,
era tiempo pasado.
Acantilado mudo, rota orilla,
picacho desolado,
crudo oleaje, montañas ateridas,
barrancos inmolados.
Yo volvía a mi isla e intuía
que todo había cambiado,
que era una tierra huérfana y vacía,
con mar atribulado.
(...)
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