INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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Edgar Caprotti J. (Madrid, 1963). Bachiller Superior COU. Con diversos cursillos de Informática, Inglés en British Institute en Inglaterra e Irlanda. Ha participado en diversas academias de Pintura, con cuadros, poemas, obras teatrales y numerosos escritos en su haber, nunca expuestos ni publicados. Le gusta escribir y viaja bastante.
Recuerdo de niño que un día estaba en la fiesta de cumpleaños de unos amigos (eran varios hermanos, no recuerdo de cuál de ellos era el cumpleaños). Supongo que sería un sábado o así. Había un montón de niños y algunos cuantos mayores que tomaban unas copas en animada charla mientras nosotros jugábamos por casi toda la casa. Había un cuarto infantil en el que una buena parte de los niños saltaban desde un mueble junto a la cama como si de una operación de salvamento se tratara, por lo cual los niños se amontonaban en la cama. Me tocó saltar a mi, con tan mala fortuna que caí encima del pie de una niña, que seguidamente fue berreando hacia el salón de los mayores y al cabo del rato se presentó un señor tipo años 70 con la niña de la mano, mientras que con la otra mano la niña me señalaba entre un ramillete de niños alrededor de la cama y el mueble.
Recuerdo de niño que un día estaba en la fiesta de cumpleaños de unos amigos (eran varios hermanos, no recuerdo de cuál de ellos era el cumpleaños). Supongo que sería un sábado o así. Había un montón de niños y algunos cuantos mayores que tomaban unas copas en animada charla mientras nosotros jugábamos por casi toda la casa. Había un cuarto infantil en el que una buena parte de los niños saltaban desde un mueble junto a la cama como si de una operación de salvamento se tratara, por lo cual los niños se amontonaban en la cama. Me tocó saltar a mi, con tan mala fortuna que caí encima del pie de una niña, que seguidamente fue berreando hacia el salón de los mayores y al cabo del rato se presentó un señor tipo años 70 con la niña de la mano mientras que con la otra mano la niña me señalaba entre un ramillete de niños alrededor de la cama y el mueble. Su padre, con su peinado enorme lacado y sus enormes patillas, le preguntaba a la niña que quién había sido. Yo me escondí detrás de un niño que recuerdo que se llamaba Fermín al que le llevaba como una cabeza, por lo cual me agaché.
(...)