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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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José María Bermúdez Silva (Chirri). Ciudad Rodrigo 1974. Ávido lector y gran contador de historias y sentimientos, presenta en esta primera obra su particular visión de la realidad y los sueños, de los sentimientos y los desencantos. En este libro se funden poemas y reflexiones que dibujan el universo emocional del autor que navega desde los oníricos paisajes de sus sueños y pasiones, hasta las costas mas afiladas de la realidad cotidiana, demostrándonos una vez mas que hay mucho más bajo la piel de las personas de lo que a simple vista nos parece.
Leer a Chirri es contemplar su intimidad emocional y descubrir sentimientos y pensamientos que nos son familiares y cercanos pero que muchos no somos capaces de expresar y menos poner por escrito. Chirri nos emociona con las palabras.
“ Hace ya muchos años que descubrí, por casualidad, a un héroe de estos tiempos frenéticos en los que nos toca vivir. Bajo una identidad anónima se esconde un maestro de la palabra capaz de conmover con una frase directa, capaz de vidriar unos ojos encadenando palabras de inspiración instantánea o de provocar un estallido de silencio entre quienes le rodean.
Al igual que tantos genios anónimos, este héroe ha recorrido cielos e infiernos, ganando y perdiendo, aguantando los golpes con un encanto especial y renaciendo como un fénix de sus cenizas una y otra vez. El poder que esconde es discreto pero poderoso por la fuente de la que emana. Su luz hecha palabra, surge de cada una de las innumerables cicatrices que su musa le dejo en el corazón, convirtiendo cada gota de vida y rabia que se escapaba de su pecho en maravillosos versos de redención. Versos que regalar a sus amigos en voz alta y en silencio a sus crueles amantes. Disfruten de ello y guarden el secreto. ”
J.M. Bermúdez
LA ÚLTIMA NANA
Esta noche vendrá a visitarme
para darme noche eterna,
mientras me canta su nana,
la nana de las estrellas.
Y quizás nunca mas vuelva a ver tu cara,
ni sentir el halito de tu aliento,
ni oír tu voz de entre los gritos del silencio,
mas ya he pactado con ella
que antes de darme sueño eterno,
me susurre al oído todos los recuerdos
y después, me embalsame con ellos.
En esta mi última noche,
noche de velo negro,
me conducirá por el sendero
que dulce, dulcemente
me llevará hasta desfiladero.
(...)