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Fernando del Castillo Martín es doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid, profesor asociado de dicha Universidad y Jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Infantil de La Paz, Madrid. Ha publicado más de cien artículos científicos en revistas nacionales y extranjeras y varios libros de pediatría. Es su primera publicación sobre este tema.
Podríamos definir la vida como la organización de la materia proyectada a la reproducción de sí misma dentro de un medio aislado del entorno con el que mantiene un gradiente que no respeta la segunda ley de la termodinámica. Pero la vida es también complejidad. No es lo mismo una ameba que un leopardo. Analizamos esta evolución y encontramos que existe en la naturaleza una tendencia a la formación de seres vivos cada vez más autosuficientes, de manera que a mayor complejidad más autonomía con respecto del medio. Esta tendencia, que llamamos metaautopoyesis, no se justifica con la selección natural de las especies y no se detiene al alcanzar el estado de humano, sino que se proyecta en la Historia con la evolución de la individualización del ser, expresión máxima de autosuficiencia. Estudiamos su recorrido desde las primitivas culturas hasta la fase más avanzada de la personalidad exclusiva actual.
En cualquier caso, fumarolas sulfúricas o actividades ligadas a intervenciones solares, todo parece indicar que la vida nace a partir de compuestos inorgánicos que, después de múltiples reacciones y combinaciones químicas, terminan por formar nuevas moléculas elementales básicas de lo que posteriormente podemos considerar como fenómeno vital. Lejos de cualquier teoría extravagante, como la siembra cósmica de bacterias o la sustentada en participaciones divinas, los conocimientos actuales inclinan a los científicos a pensar que la causa de la formación de vida en la Tierra tiene un origen metabólico primordial, bien en superficie, bien en aguas profundas sulfuradas. Algunas pistas señalan sin titubeos esa posibilidad: “El elemento más común en el Universo, el hidrógeno, también es el más común en la vida. Esto es una pista. La facilidad de la síntesis de aminoácidos, los sillares de las proteínas, es otra. En cuanto hay moléculas mayores disponibles, la acción de catalizadores (agentes químicos que aceleran ciertas reacciones, y no otras) también ‘desaleatoriza’ el medio. Y tan pronto como entran en juego la reproducción y la replicación, las tasas de acumulación de factores no aleatorios y combinaciones curiosas se disparan”.