Puentes de amor en Sevilla

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-998-9
Nº Páginas: 166 pags
Género: Narrativa, Biografía
Formato papel
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Autor/es: 

Gerardo Valencia Moreno (La Línea, 1942). Encontró su primer y verdadero hogar en aquella Ciudad de los Muchachos, de Sevilla. Más tarde, al poner fin a su etapa de emigrante en el extranjero, se asentó en Marbella, donde ejerció la profesión periodística durante 20 años.

Tras, décadas alejado de Los Javieres, un día regresó como “hijo pródigo” a esa corporación que tanto le ayudó en su niñez, no parando desde entonces de reivindicar la figura de su salvador y el de tantas víctimas de aquella etapa de miseria.

Ha sido distinguido con la Medalla de Oro de la Hermandad y con el Primer Javier de Honor, galardón que se concede anualmente a aquellas personas e instituciones que se hubieran distinguido por su dedicación, entrega y defensa de las hermandades de la Semana Santa.

Entre sus obras, se encuentran: “Los Javieres de Sevilla, 50 años de historia”, y “La Gratitud por Bandera”.

Título:
Puentes de amor en Sevilla

Gerardo Valencia, el autor de esta obra, fue uno de los dos mil niños que el Padre Manuel Trenas acogió en su ya legendaria Ciudad de los Muchachos (también llamada Hogar del Niño Jesús), en Sevilla. Con cruda y dolorosa sinceridad por momentos, pero también con amenas anécdotas, Valencia va desgranando la obra humanitaria de quien no duda en calificar como «santo», un sacerdote jesuita inspirado por San Ignacio de Loyola y por San Francisco Javier, que tuvo «sus misiones en los barrios pobres de Sevilla; aquí encontró él su India y su África». El autor no solo da cuenta de la vida de esa figura extraordinaria, sino que traza con rigor la historia de su Hermandad, Los Javieres, y de quienes hasta el día de hoy siguen la labor cristiana que siempre les ha inspirado. Hay que hacer notar, asimismo, que Gerardo Valencia –en su decidido propósito de enaltecer la entrega y verdadera personalidad del Padre Trenas- no ha dudado en ventilar detalles y aspectos de una vida que muchas veces no fue demasiado grata y que podrían haberse ocultado en la privacidad o la intimidad. Sin embargo, la lectura de este libro deja finalmente al lector la satisfactoria sensación de haberse acercado a un personaje único y a una obra muy especial.

Leer un fragmento:

Puentes de amor en Sevilla

Pese a que durante el siglo XVI todas las naves, cargadas de tesoros procedentes del Nuevo Mundo, desembarcaron en Sevilla, la capital hispalense se ha caracterizado durante siglos por haber sido una ciudad sin puentes, ya que hasta mediados del siglo XIX no se empezaron a tenderse los que existen actualmente.

Estas construcciones fueron emprendidas, al principio, para dar el servicio indispensable de acercar las márgenes del río. Pero además de ese fin práctico de unir las orillas, fueron también pensadas con el afán de dar mayor belleza a una ciudad que desde siempre habían admirado propios y visitantes. Los puentes que se construyeron fueron, en efecto, una forma certera de acrecentar el encanto y la magia de la ciudad. Con sus bellos puentes, Sevilla se puso al nivel de todas las grandes ciudades del mundo, no solo en importancia comercial y cultural, sino también en el plano de la belleza urbanística.

Como está ampliamente documentado, desde los tiempos antiguos hasta años relativamente recientes, Sevilla se mantuvo de alguna manera como encerrada tras sus murallas. Nacida y crecida junto al gran río que es parte de su alma, el Betis de los romanos o el Guadalquivir de los musulmanes, bajo su influencia se abrían las amplias y muy fértiles vegas de Triana y se divisaba la atalaya lejana del Aljarafe. Respondiendo a los designios de las diversas épocas, permaneció durante siglos recogida tras su cinturón amurallado. Pero siempre tuvo vocación de ciudad abierta y así lo consiguió con sus numerosas puertas y también con las diversas formas que iba adquiriendo la actividad comercial y de intercambio, tanto a través de caminos que su vitalidad multiplicaba hacia, y desde, otras regiones, como por el puerto fluvial que no cesó nunca de crecer. Sin embargo, aunque corrían los tiempos, Sevilla seguía sin puentes.