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Fidel Vela García nace en Arcos de Jalón (Soria) en 1934. Actualmente reside en Alcalá de Henares, donde fue elegido concejal del Ayuntamiento en 1979 y 1983 en las listas del PSOE, siendo Presidente de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe y Presidente de la Comisión de Hacienda. Ha escrito varias novelas. La Consulta, La oficina (accésit Premio Eugenio D’Ors), El Ruta (finalista Ruedo Ibérico) y Las leyes del éxito, así como numerosos artículos periodísticos y narraciones breves, entre otros El túnel (premio revista Ferroviarios), Diga dos (finalista Jara Carrillo de Alcantarilla) y Propuesta democrática (accésit premio Villa de Ermua). Blogs: fidelvela.blogspot. com lacomunidad.elpais.com/fidelvelag
En esta novela se narra el desarrollo de dos asambleas de un supuesto partido político, el Partido de la Paz Perpetua, formado exclusivamente por mujeres, en las que se debaten sendas ponencias (Paz y sexo y Paz y Religión) encaminadas a la consecución definitiva de la paz en todo el mundo y la creación de una nueva religión acorde con los postulados ideológicos del partido, como soporte y palanca para lograr los objetivos definidos en la Declaración de principios. Partiendo de una premisa justa se puede llegar, si perdemos el control racional, a monstruosas aberraciones.
...Definitivamente, no existe, ni ha existido jamás la paz. Por ello, desde estos mismos instantes en que os hablo, iniciamos un original proceso de paz sin precedentes que nos llevará, si todo sale como esperamos, a la paz perpetua. Las mujeres lo sabemos bien. En los conflictos armados, nos convertimos en botín de guerra: violadas, ultrajadas y asesinadas. En la paz, con otros métodos, continuamos siendo el botín más preciado de los hombres: sometidas a su imperio, constantemente asediadas, violentadas y en muchos casos, también asesinadas. Luego, para nosotras, es indiferente la guerra o la paz. Contra nosotras se ejerce la violencia permanentemente. Y estoy hablando de los países teóricamente más avanzados donde —no está en nuestro ánimo silenciar—, la mujer ha obtenido importantes cotas de poder. Pero no basta. Las mujeres más clarividentes perciben el acoso violento del hombre sobre ellas. No es suficiente la igualdad, que ni siquiera se ha obtenido. Es necesaria la toma del poder en su totalidad. La igualdad es una situación inestable que en cualquier momento puede trastocarse. Ningún movimiento revolucionario ha triunfado, si no ha sido imponiéndose plenamente. La mujer sólo podrá sentirse libre cuando sea completamente dueña de su destino, y eso pasa por ejercer un absoluto dominio sobre el hombre. Se hace imprescindible invertir los términos. La paz, la expulsión de la violencia de la vida cotidiana se consigue única y exclusivamente, apartando al hombre de la toma de decisiones. Todavía existen algunas mujeres que ingenuamente creen en la domesticación del hombre, con lindezas tan peregrinas como inducirle a realizar los quehaceres domésticos, a ser cariñoso con su pareja o a no mearse fuera del retrete. Hay que ser radical, es decir, fijarse en la raíz de las cosas. (...)