INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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Carla Cervetto es el seudónimo de una autora vinculada al tema religioso.
Nacida en Sevilla y muy enraizada en todo lo sevillano, es diplomada en Artes Gráficas y le gusta la fotografía, viajar y, sobre todo, escribir.
Carla Cervetto publicó en CULTIVALIBROS el pasado mes de Julio la I Parte de Personajes de una pasión trascendente.
Este segundo tomo de Personajes de una pasión trascendente, comprende dos libros: María Magdalena y Kaiphas.
En María Magdalena, Priscila Frandini vivirá intensamente la Pasión de Jesús. Penetrará en los sentimientos de la Magdalena, la verá sufrir y rebelarse interiormente a los pies de la cruz y experimentará ella a su vez una transformación en sus propios sentimientos. Ya no podrá inhibirse ante el drama del Gólgotha, ya no podrá permanecer al margen sino que sentirá sobre sí los beneficios de la redención divina en su corazón.
Y en Kaiphas, conocerá interiormente al primer Papa, palpará su cobardía y su posterior conversión. Vivirá más plenamente los días de la Pasión con los apóstoles, y la confusión y el aturdimiento de aquellos hombres toscos y sencillos la conducirán hasta Jesús Resucitado.
Recuerdo aquel día con gratitud, con la gratitud que nos ofrece el pasado, cuando puedes mirarlo desde la lejanía de los años transcurridos y darte cuenta que todo fue para bien. Sin embargo, entonces, no lo vi así; para mí fue uno de esos días que es mejor no levantarse de la cama.
Aquel día me había despertado malhumorada, con unos deseos locos de pagarlo con alguien. Yo misma no me entendía. No tenía motivo, ni excusa, ni pretexto y, sin embargo, estaba de malas pulgas.
Pero cuando entré en el cuarto de baño para asearme, comenzaron a surgir por docenas motivos más que suficientes que justificara ese malhumor. Lo primero fue por causa de una de las lámparas del espejo: al ir a encenderla, explotó y los trozos cayeron en el lavabo. Lo siguiente fue que me corté con uno de esos trozos.
–¡Porca misseria! – exclamé, mirando airada mi dedo ensangrentado.
(...)