INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659

Fue –tenía que ser así– en Alcalá de los Gazules donde a Jorge Romero Vera su madre le dio la primera luz, el 1 de agosto de 1932. Entre dos aires o atmósferas retoñó el niño: la Calle de los Pozos y el molino harinero del padre. De modo que nunca faltó el pan que dio lumbre y nutricio a diez hermanos más. Llegó el momento de procurar el porvenir: parvulito en el Beaterio, escuela de don Manuel Marchante, en Cádiz Bachillerato y Escuela de Comercio, profesor mercantil; para desembocar luego en la milicia, donde luce las estrellas, primero, de alférez de complemento (Regimiento Extremadura 15 de Algeciras) y luego, como teniente en Canarias y Sahara Español. En 1964 abandona el ejército y se licencia en Ciencias Empresariales (ICADE), orientando su vida en la empresa privada, hasta la fértil jubilación.
El contenido de éste libro se estructura en dos cuerpos bien diferenciados, como lo indica con meridiana claridad su propio título. Por un lado, la poesía descriptiva y testimonial, con ribetes de romancero popular del bisabuelo José Vera, y en otro escaño, la poesía intimista y sensitiva del biznieto. Recorrer sus páginas es una delicia porque no solamente reflejan lo palpable, lo puramente telúrico, sino que se establece una corriente espiritual. Un libro entreverado de ancestros, de sombras pasadas no solamente de gran valor lírico, sino antropológico en muchas de sus secuencias.
José Vera Fernández ofrece una miscelánea de recuerdos con forillo amarillento y mucho latido familiar. Hombre natural, con más cultura en la sangre que en la academia, mimado por la ciencia infusa, de verbo pronto, ingenioso y ocurrente, capaz de improvisar como nadie el instante vivido a golpe de versos.
La poesía de Jorge Romero Vera, es natural, libre el verso, asonante, sin artificios ni revueltas de huera retórica y pedantes elucubraciones; tan transparente como el chorro primitivo de la fuente de la Salá, un reloj de agua que todavía marca los trabajos y los días de Alcalá de los Gazules.
Jesús Cuesta Arana
Aparte de compartir un paisaje, vivencias comunes, rutas más sublimes y la amistad que no se diluye, a pesar de tanto tiempo de obligada ausencia, alejamiento -no espiritual–, que viene a ser como la mítica arpa romántica de Bécquer siempre presta a levantarse y andar, quizás por eso: Jorge Romero Vera, aquel niño que fué (en boca de Gabriel Celaya) a gritos me llama hoy con su silencio. De modo, que tanto él como uno mismo, con alguna generación por medio, nos acordamos de lo vivido y el brujuleo de la ceca a la meca. Éramos peritos en todos los vientos y de toda la pajarería del mapamundi del titirimundi alcalaíno.
A Jorge como a todos los niños la fantasía le quemaba a flor de piel. La poca edad le hacía ver siempre en tecnicolor aquélla Alcalá retratada en blanco y negro. La sombra de la posguerra fue larga como tantos días sin pan. La chiquillería vivía en una burbuja, ajenos a la realidad histórica, transformándola en otra mágica realidad y se reinventaba –por mor de la penuria– sus propios juguetes: un tren de hojalata por arte de birlibirloque se convertía en un barco y si se atizaba más la imaginación en un avión. ¿Acaso no se puede recrear el mundo con un papel, un bolígrafo, una pluma o un ordenador? ¿No es esto lo que ha hecho Jorge Romero Vera con éste nuevo libro? La poesía es –o viene a ser– la palabra sentida en alianza con la memoria y la imaginación, en una intransferible interpretación de la naturaleza o en la existencia en toda su magnitud. Lo que se ve o se mira en la vida nunca es comparable con la infinitud de la mente. Por ende, escribir – es una máxima– es dar forma a lo que uno siente, piensa o imagina. Para ello son necesarios, de acuerdo con Miguel Delibes, tres pilares fundamentales: un ser humano, un escenario y una pasión. Así es.