Mercenarios de un dios oscuro

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-575-2
Nº Páginas: 234 pags
Género: Novela
Formato papel
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Autor/es: 

LUIS SEGURA (Albacete, 1985) es un autor absorbido por el mundo de las letras. Licenciado en Humanidades y Máster en Humanidades Digitales, ha publicado dos ensayos audaces y muy aplaudidos por sus lectores: Diseñados para amar (2010) y La cultura en las series de televisión (2011). Sin embargo, su obra más reconocida es el blog sobre libros La Cueva de los Libros (lacuevadeloslibros.blogspot.com), leído a diario en más de diez países distintos, entre los que se encuentran Estados Unidos, Alemania, Argentina o México. Esto que tienes en tus manos es su ópera prima de ficción, una prometedora novela que te dejará sin aliento: Mercenarios de un dios oscuro.

Título:
Mercenarios de un dios oscuro

¡Un crimen execrable compromete a la sociedad secreta más influyente de la historia!

El fanatismo de un anticristo

La ambición de un alcalde

¿Puede la ambición ser más fuerte que los lazos de sangre?

¿Hasta dónde están dispuestos a llegar algunos hombres Para imponer su visión del mundo?

Sentirás los latidos de Rafael Piqueras, Alma y Mario como los propios, en su persecución de un grupo de miembros de una sociedad secreta. Prepárate para vivir emociones fuertes, descubrir verdades ocultas y arrancar la máscara a los mercenarios de un dios oscuro.

¿Podrás pasar muchas hojas sin respirar?

Leer un fragmento:

Terminó sus oraciones con el corazón en calma. No tenía deudas con el mundo, pero soportaba una terrible carga; un peso en forma de pérdida irreparable por la que su espíritu sangraba desde hacía un par de años. Una enfermedad despidió a su mujer de esta existencia, y lo dejó solo, deshecho, desalentado. Se refugió en la fe de manera paciente, lo que con el tiempo le proporcionó una especie de consuelo reparador. Llegó a convencerse definitivamente de que no le habían dejado caer en la desesperación y consumirse entre dudas: alguien lo abrazaba por detrás y lo sostenía cuando más lo necesitaba, cuando sus fuerzas flaqueaban hasta el límite. Su nombre era Rafael Piqueras, un hombre íntegro y humilde, de los que ya no quedan. Habitualmente, acudía a la iglesia del barrio, pues era un lugar santo y agradable en el que podía recogerse en paz. Como era un sitio poco frecuentado por los fieles a diario, suponía un verdadero refugio espiritual para aquellos que pretendían escuchar y también pedirle a su creador. No oyó la puerta al abrirse mientras rezaba concentrado, pero cuando una mujer no hizo más que sentarse en un banco situado en un rincón de la sala, él ya enfilaba el pasillo central hacia la salida.