Matilde ha vuelto

Coleccion Luna Llena

ISBN: 978-84-9923-726-8
Nº Páginas: 126 pags
Género: Narrativa
Formato papel
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Autor/es: 

Poeta, escritor y crítico literario, Emilio Quintanilla Buey (Juneda, Lleida, 1932) ha cosechado a partir del año 2000, en que se decidió a darnos a conocer su obra, gran número de galardones y reconocimientos: veinte premios de poesía, algunos tan prestigiosos como el Luis Cernuda (Sevilla), Vicente Aleixandre (Madrid) o Manuel Alcántara (Málaga), y media docena de premios de narrativa, todos nacionales o internacionales. A estos últimos se viene a sumar ahora la presente novela breve.

Título:
Matilde ha vuelto

El humor y la ironía a que Emilio Quintanilla Buey nos tiene acostumbrados se pone de manifiesto una vez más en esta obra que ha merecido el Primer Premio en el Certamen Internacional de Novela Corta GIRALDA, Sevilla, 2011.
En Villaparda, un recóndito enclave en algún lugar de la España increíble, Matilde y Cosme protagonizan una singular historia de amor y desamor, de desencuentros y encuentros, que dista mucho de ser una relación convencional.
La originalidad de su argumento, las sorprendentes situaciones y los diálogos chispeantes hacen de Matilde ha vuelto una amable novela breve que se presta a ser leída sin abandonar la sonrisa.

Leer un fragmento:

4

Cosme llegó esa noche a casa sin poder reprimir la rabia y la amargura. Estaba buscando en el bolsillo la llave de la puerta cuando ésta se abrió desde dentro y apareció Crescencia, la vecina, que salía a despedir al médico. El gesto del doctor era de preocupación.

—Hola, Cosme —dijo al verle—. Me inquieta el estado de Matilde. Se está quedando sin defensas y no puedo hacer que baje la fiebre. Volveré mañana temprano y si no ha mejorado con las dos inyecciones que le he puesto tendremos que llevarla a la capital e ingresarla.
—Pero ¿qué tiene? —preguntó Cosme.
—Me temo que se trata de una neumonía severa que avanza demasiado deprisa. El tórax de esta mujer siempre ha estado muy delicado y en los últimos tiempos se han complicado las cosas. Además la veo desnutrida, como si no se alimentara bien. ¿Come bien tu mujer, Cosme?
—Normal... Pero se curará, ¿verdad, doctor?
—No sé, no sé... —dijo el médico ya en la calle—. No quisiera asustarte, Cosme, pero esto no tiene buen pronóstico.

Y le dio unas palmaditas en la espalda, como animándole a que se dispusiera con resignación a hacerse a la idea de convertirse en viudo no tardando.
Cosme, acompañado de la vecina, llegó angustiado junto a la cama donde su mujer, sudorosa y con los ojos entornados, respiraba agitadamente. Se sentó a su lado, tomó sus manos y apretó los dientes mientras se le humedecían los ojos. Ella pudo girar con dificultad la cabeza y, al ver que él estaba emocionado, apretó la mano de su marido.