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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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Con la madurez que da el paso de los años y transcurridos ya quince desde que escribió su primer libro, El túnel de la Laja , G. David Peralta presenta su segunda obra literaria un año y medio después de publicar la primera.
Como buen canario, amante de su tierra y sus costumbres, este escritor refleja los personajes y paisajes típicos de su isla con una acción e intriga que atrapan al lector desde el comienzo de su lectura.
No es fácil editar un libro, pero no por ello este autor cede ante las adversidades y, con el entusiasmo propio del que cree en si mismo, aquí tiene ya su segundo libro publicado.
Cuando Javier Campoy abrió los ojos, no podía imaginarse que se encontraba en Gran Canaria. Lo único que recordaba era que una potente luz lo había deslumbrado cuando a altas horas de la madrugada, y solo en su coche, viajaba de vuelta a su casa en Madrid.
Una larga lista de personas desaparecidas en la isla llevaron a los inspectores José Mckin y Pablo Jiménez a investigar a un ciudadano alemán, Gilbert Meier, dirigente de una secta cuya ideología estaba determinada por una leyenda sobre una familia de curanderos que habitó, a principios del siglo XX, en el pinar de Tamadaba. De ahí que los isleños les conocieran por Los Ángeles de Tamadaba.
Todos ellos, junto a una larga lista de personajes muy bien definidos, se verán envueltos, como actores involuntarios, en una misma trama.
Los Ángeles de Tamadaba es una novela que se desarrolla en los paisajes naturales de la Isla de Gran Canaria y ofrece una intensa tama, rodeada de misterio, intriga y una acción trepidante.
La reunión comenzó temprano, de hecho cuando llegaron Pablo y José, ya Antonio los esperaba junto con el comisario Carlos Ruiz en la sala de juntas con el semblante serio. Antonio tenía las gafas de cerca caídas en el puente de la nariz mientras leía unos papeles que tenía frente a él. Cuando los dos hombres hicieron acto de presencia en la sala, los miró por encima de las gafas sin levantar la vista y los saludó con una especie de gruñido. Carlos miraba por la ventana hacia el muelle deportivo, en ese instante se giró para saludarlos con la voz clara.
–Siéntense señores –los invitó Carlos señalando las sillas con la mano mientras él se sentaba junto a Toni.
José y Pablo obedecieron sentándose frente a sus jefes. Antonio levantó la cabeza del papel y los miró quitándose las gafas, plegó las patillas con parsimonia para depositarlas en la mesa junto a los folios.
–Bien señores. Supongo que en breve llegará Marco Alonso y podremos debatir los puntos que a él le conciernen –explicó Antonio–. Mientras tanto, tengo aquí el informe presentado por ustedes el viernes pasado por la mañana.
Pablo asintió.
–La semana pasada le pedimos a la Europol información a propósito de Gilbert Meier y ellos nos prometieron enviarnos un informe con lo que tuvieran; cuando hemos llegado esta mañana, ya había un fax en mi mesa –Pablo extendió la mano y le alcanzó a su jefe una carpeta de cartón que contenía el mencionado informe. –Aquí está todo.
Antonio cogió la carpeta para echarle un vistazo rápido.
–¿Por qué investigamos a este hombre? –dijo levantando la cabeza del papel.
José tomó la palabra y le contó a sus jefes de todo lo acontecido el fin de semana: la reaparición de dos de los desaparecidos en condiciones extrañas, como completamente desnudos y tirados en cualquier parte; además uno de ellos, Miguel Herrera, muerto a causa de una embolia pulmonar, añadiendo también la presencia de drogas en la sangre de ambos. Les contó las conversaciones con Gilbert de hacia donde iba dirigido el grupo, así como sus actividades y sus creencias, además de la razón de sus sospechas sobre el señor Meier debido a los temas tratados y a su comportamiento en general.