Libres de Gálibo

Coleccion Cultiva

Artículos sin tremble ni corondel

ISBN: 978-84-9923-970-5
Nº Páginas: 270 pags
Género: Narrativa
Formato papel
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Autor/es: 

Andaluz de Granada. Vecino de la villa de El Escorial. Filosofía de titulación y empeño. Periodista de titulación, oficio y desgaste. Escritor de más de media docena de libros de ensayo, reportaje, creación y ensueño. Viajero empedernido por casi los confines de este perro, apasionante, atroz y atrabiliario mundo en el que ha vivido, al que estruja y le soporta. Y todo para terminar sin saber casi nada de mí y apenas algo de cuanto he visto. No por falta de deseos sino por miopía o porque esto del vivir se hace demasiado corto.

Se recopilan aquí algunos de los comentarios, artículos y notas publicadas al filo de los días y al brote mismo de los hechos en periódicos, revistas, radio y televisión a lo largo de más de 40 años de vida periodística.

Título:
Libres de Gálibo
Leer un fragmento:

Hotel Select

Está ubicado en el mismo centro del «Quartier-Latín». Viejo y rancio hotel de París. Del París más rancio y clásico. Todo él empapelado, con sus viejos patios, con grifos que pese a su aspecto desbarajustado, funcionan; colchas que cubren las camas con estética de fin de siglo; lámparas rococó y utilitarios retretes. Se recomande par son confort et ses prix modèrés. Hay un señor gordo en la portería o en recepción – debe ser el dueño - que se forma un lío con los números y me doy cuenta que me ha puesto en una habitación con dos señoritas. Yo, por mí, encantado, pero se iba a comentar demasiado esta arbitraria medida del obeso dueño y decido marcharme a otra chambre, desde donde veo a dos americanos poner al fresco sus pies sudados y tomar trozos de pan con mantequilla mientras me atormentan con un repulsivo inglés tallado en monosílabos.

Desayuno en el bar Sorbonne. Fotografía de grupo -que luego no saldría-, distribución de dinero, cafés, leche. Elijo el reiterado café au lait y me quedo como un señor. El tren me baila todavía en las sienes.

Todos aquellos que todavía se dejan llevar por la nostalgia y el afecto, se meten en el «Café-Tabac» y compran montones de tarjetas con típicos motivos: Notre Dame, el Sena, la torre Eiffel, la plaza de la Sorbonne. Vuelven a las mesas y por 2 miserables francos (¡Ay, casi cinco duros españoles!) se consideran dueños de las mismas toda la mañana. Escriben que han llegado bien, que París es muy bonito (señores todavía no hemos visto más que una estación, cuatro andenes de Metro y tres calles. Conclusión: París es muy bonito). Algunos más sensatos solo aludieron a la estupenda temperatura y a la negritud de gente que se veían por las calles. Todos datos del máximo interés, como puede verse.

Mientras mis colegas siguen dedicados a la pluma, decido dar la primera vuelta por un París mañanero. Llego hasta los Jardines de Luxemburgo, rue Sufflot, cerca del Panteón de Hombres Ilustres, St.Jacques y otra vez a la mesa del café.