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José Antonio Gracia Guillén es natural de Villarquemado (Teruel). Comenzó su vida laboral en la profesión de electricista, desempeñando la subjefatura de la central eléctrica de la azucarera de Marcilla (de 1966 a 1979).
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Navarra y doctor en Historia por la UNED, en Madrid, ha ejercido su labor docente como catedrático en las EE MM.
Entre sus trabajos e investigaciones podemos destacar: Introducción a las rentas de la Universidad de Huesca (investigación monográfica, 1987); La dimensión didáctica de un archivo parroquial (trabajo demográfico, 1990); El marco de actuación de la Universidad de Huesca (tesis sobre su evolución, 1994); La industria azucarera y el sector remolachero en Navarra. Un siglo de historia (2001) y Las azucareras. La revolución industrial en Aragón (2005), ambos estudios dedicados a la investigación de la industria azucarera y que sirven, en parte, de base a la presente obra: Las claves de la Revolución Industrial en España. El declive de la estructura económica actual.
La presente obra trata de responder al vacío historiográfico que hay sobre la industrialización en España, en sus coordenadas básicas y en los períodos clave de nuestro pasado histórico. El enfoque del trabajo se dirige a la industria, pero contextualizando el desarrollo económico con el sector primario (esencialmente agrícola) y el terciario (principalmente con el turismo), y con una triple dimensión en el tiempo (pasado, presente y futuro). En la dicotomía y debate de los historiadores españoles entre partidarios de la interpretación de que no fue posible la industrialización en el siglo XIX (que son mayoritarios), porque la agricultura atrasada lastraba la modernización de las estructuras económicas, mientras que otros historiadores (una minoría) han revalorizado el papel de las actividades agrarias; en cuya disyuntiva nos decantamos por estos últimos, al mismo tiempo que nuestra aportación historiográfica es original e inédita y va más lejos en la revalorización de la agricultura, estimando, a la vez, el proceso de la industrialización que consideramos fundamental en nuestro desarrollo. Resaltamos los recursos humanos porque fueron activos esenciales en el transcurso de las fases de la Revolución Industrial en España, es decir, el factor humano como eje principal. También apelamos al ensayo y la prospección, inicialmente respaldados por la ciencia histórica, para esbozar una modesta colaboración que contribuya a conseguir la recuperación económica. En definitiva, este es un trabajo fundamentado en una doble vertiente: historiográfica y de finalidad pedagógica.
El análisis de las complejas actividades de las sociedades en su proceso de crecimiento económico nos debe llevar a remontarnos a Holanda y Gran Bretaña que ya contaban con un contexto institucional favorable para el desarrollo. Los comerciantes neerlandeses ya disponían de técnicas especializadas para las transacciones y el comercio internacional —en algunos casos ya se habían diseñado previamente por los italianos—, consiguiendo una gran eficacia. Ambas potencias marítimas y comerciales, lograron en el siglo XVIII disponer de unos derechos de propiedad individual, con el necesario soporte jurídico-institucional —que protegiese y fomentara las actividades económicas—, que permitía desplegar los factores de producción clásicos: tierra, capital y trabajo. Gran Bretaña, en este marco de posibilidades, se lanzó a la aventura de la innovación que le llevaría a convertirse en la precursora de los procesos de industrialización y primera potencia económica. La idea primordial para el crecimiento económico sostenido estaba en una organización eficiente; ésta, a su vez, en un sistema político e institucional en el que las libertades individuales puedan dirigirse a actividades productivas que supongan beneficios privados y sociales a través de la innovación y el esfuerzo personal; y, además, el capital humano, factor principal para llevar adelante esta colosal obra gracias a las capacidades, a la especialización, a la división del trabajo, al espíritu emprendedor empresarial y al trabajo agotador de un proletariado con sueldos de subsistencia en los primeros estadios del capitalismo.
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