INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659

Miguel Ángel Mendoza Nava (1955).
Nacido en Cubillas de los Oteros (León).
A mediados de los años 70 se traslado a Vitoria, donde actualmente reside, realizando diversas actividades en la industria y el ocio.
La Luz del Templo es su primera novela publicada.
La luz del templo relata cómo Robert se enamora de los vitrales de la catedral desde el primer instante en que pisa el templo.
A principios de 1500, una familia de peregrinos, integrada por cinco miembros, llega a León de paso hacia Santiago de Compostela.
El primer día de su estancia en la ciudad leonesa cae enferma Elizabeth, la hija menor, lo que hace imposible que la familia pueda continuar su viaje hacia la ciudad compostelana.
Michel, cabeza de familia, se ve obligado a buscar trabajo y Robert, el mayor de los hijos, a quien le fascinan las vidrieras de la catedral de León, muy pronto ingresa como aprendiz de vidriero en el taller del maestro Ventura Murillo. A la muerte de este, el cabildo catedralicio respalda el nombramiento de Robert para ingresar en la cofradía de gremios como maestro vidriero. En sus largas estancias en el templo leonés se verá inmerso en unos sucesos imprevistos.
En el taller de carpintería y entallado, Michel y Joaquín tenían algunas dificultades para continuar el retablo que estaban fabricando para la iglesia de San Salvador de Valencia de Don Juan. Al replantear las distintas piezas del retablo sobre las marcas que previamente habían hecho en una pared de tapial, se percataron de que las dimensiones del retablo no se correspondían con las marcas que en un principio habían hecho sobre la pared. Al comprobar que las medidas no coincidían, les comenzaron a surgir las dudas. Dudaban si las medidas correctas eran las marcas realizadas, o por el contrario, las dimensiones que le habían dado al retablo eran las que aparecían en los bocetos que tenían sobre la mesa.
—No podemos continuar con el trabajo si no conocemos las medidas exactas —protestó de malas maneras el maestro Joaquín Quintana.
—En alguna parte tienen que estar las medidas tomadas en Valencia de Don Juan —dijo en tono conciliador Michel.
—Miremos entre los bocetos —dijo Quintana.
—En los bocetos están las medidas que hemos utilizado para fabricar el retablo —trató de razonar Michel.
—Entonces, ¿de dónde salieron las medidas con las que realizamos las marcas en la pared? —seguía protestando visiblemente enfadado el maestro Joaquín Quintana.
—Para asegurarnos, lo más acertado sería visitar de nuevo la iglesia de San Salvador y tomar nuevamente las medidas —propuso Michel en un tono claramente moderador.
—Ese viaje nos retrasará el trabajo tres o cuatro días, como mínimo —dijo Quintana, que seguía elevando el tono de voz.
—No necesariamente tendríamos que ir los dos. Con que uno de nosotros se desplace hasta allí será suficiente —siguió Michel tratando de restarle importancia al problema, viendo el enfado que tenía su socio.