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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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Luis Miguel González González nació en Pelahustán (Toledo) a mediados del año 1958. A su carrera de maestro hay que añadir diversos estudios de economía y contabilidad. Actualmente reside en Madrid, trabajando en el departamento económico de una empresa privada perteneciente al sector editorial.
Esta es su primera publicación y, como tal, su primera incursión en el mundo literario; pero no será la última, pues otras novelas esperan ver pronto la luz. Con esta obra pretende que sus lectores se alejen de la hipocresía que reina en quienes tienen como una de sus obligaciones la lucha contra todo tipo de terrorismo.
La agonía de la serpiente quiere reflejar la lucha contra el terrorismo de ETA por parte de ciudadanos desencantados con la situación de España y que se sienten desprotegidos, tanto por sus políticos como por las instituciones del país, más pendientes de otros menesteres que de defender a los que sufren la amenaza y acción del terrorismo. Unos son afectados directamente y otros indirectamente.
No nos engañemos, el terrorismo sangra a todos los españoles, en mayor o menor medida. Todos somos víctimas de la banda terrorista y criminal. Esta novela incide sobre la hipocresía de la propia banda, de quienes la apoyan y de aquellos que, teniendo que combatirla, prefieren la política del escondite a la acción coordinada contra los asesinos.
—Sabes que me encanta San Sebastián y me gustaría mucho ir este año. Tú no lo conoces y está bastante mejor de lo que crees; sobre todo quiero que conozcas Donostia, es una auténtica maravilla de ciudad; te encantará el tapeo típico e ir de compras. Bañarte ya será más difícil en junio, contando con que el agua está congelada y conociéndote… Estaríamos un mes y después Cantabria, Asturias y Galicia hasta agosto. Tres meses sin pasar calor y conociendo sitios nuevos; yo, por ejemplo, no conozco Galicia; pero si tú lo deseas podemos cambiar los planes—dijo no muy convencido de sus propias palabras.
—No, me parece bien, si quieres iremos, pero si en algún momento siento miedo espero que lo comprendas —comentó María con voz tierna.