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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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Nacido el 15 de Julio de 1971, es de Mérida (Badajoz), En cuanto a su formación es Titulado Universitario superior en Patrimonio Histórico especialidad en Antropología (Máster Oficial Universidad de Huelva, Tratado de Bolonia), Diplomado en Trabajo Social (Universidad de Extremadura), Experto Universitario en Gestión Documental de Museos (Universidad de Alcalá) Y Máster en Turismo.
Gran apasionado de la historia, antropología y la geografía.
Ha colaborado con empresas de arqueología como antropólogo realizando trabajos etnográficos de poblaciones de Extremadura.
Mito e historia confluyen en la isla de Pascua, lugar remoto situado en el extremo oriental del Océano Pacífico constituye una de las culturas más enigmáticas conocidas, los gigantescos monolitos —moais— recuerdan a los ancestros y con sus miradas penetrantes y altivas son fieles testigos de esta cultura milenaria que junto a su aislamiento y su escritura mítica rongorongo aumenta ese halo de misterio.
La tradición polinesia está reflejada en su lengua, sus gentes, sus fiestas y ceremonias. Los primeros navegantes europeos que llegaron a la isla en el siglo XVIII no daban crédito de cómo en un lugar tan minúsculo y aislado se había desarrollado esa cultura tan majestuosa.
Igualmente el tamaño promedio de los moais giraba en torno a los 4,5 metros de altura, pero los antiguos especialistas fueron capaces de trabajar y trasladar estatuas de diez metros, que llegaron tanto a la costa sur como a la costa norte. El material utilizado como ya he comentado con anterioridad fue toba volcánica, procedente del volcán-cantera Rano Raraku situado en el noroeste de la isla. Las coronas o pukao (copetes o moños de piedra roja) que pesaban más de diez toneladas, procedían del material extraído del cráter Puna Pau (suroeste de la isla).
Los europeos que llegaban a la Isla de Pascua, expresaban su admiración de como un pueblo al que le faltaba instrumentos técnicos y cualquier material de construcción, pudieran colocar esas coronas (pukao) de gran peso sobre las estatuas de tanta altura.
Hay un dato que explica la forma o el hecho de subir esa gran corona o sombrero encima del moai, los pascuenses juntaban muchas piedras cerca del ahu (altar) y formaban con las piedras una pendiente, y por esa pendiente tiraban de la corona hacia arriba.