III Certamen Literario de Relato Corto “Lorenzo Mercadante”

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-288-1
Nº Páginas: 76 pags
Género: Relatos
Formato papel
12,00 euros (IVA incl.)
Comprar en:
Autor/es: 

Amigos y amigas:
Es para mí un gran honor presentar esta publicación que ve la luz por tercera vez. Desde el equipo de gobierno, concretamente, desde nuestra Concejalía de Cultura, hemos querido apostar por la palabra. En estos tiempos tan convulsos que corren, siempre quedará la palabra como elemento indispensable para expresar nuestros sentimientos y ejercer nuestra libertad.

La publicación de estos relatos es fruto de un proyecto que se va consolidando poco a poco. Un proyecto que, cada vez, está más ligado a nuestra localidad y que, queremos, con los años, convertir en un referente de nuestro panorama literario. No podemos olvidarnos de nuestro anterior alcalde, que desgraciadamente ya no está entre nosotros. En su apuesta por la cultura en todas sus vertientes, la figura de Juan Escámez estará para siempre ligada a este certamen que él alumbró en su nacimiento y celebró en su andadura con el entusiasmo y el cariño que ponía siempre en todo lo que hacía.

Mostrar mi agradecimiento a la Obra Social Cajasol, que ha creído en este proyecto desde el principio, a todos los que han hecho posible este libro de relatos, especialmente a Cultivalibros, por realizar una edición tan cuidada y, como no, a aquellos que han tenido la valentía de sentarse a escribir y compartir sus palabras.

Desde el ayuntamiento esperamos que este proyecto siga creciendo cada año y que llegue a sobrepasar todas nuestras expectativas.

Un saludo.

Raúl Castilla Gutiérrez
Alcalde-Presidente de Sanlúcar la Mayor.

Título:
III Certamen Literario de Relato Corto “Lorenzo Mercadante”

Leer un fragmento:

Pero yo, aquella noche, sólo pensaba en los detalles de la cena. María, la señora que cuidaba de mí –nunca pude emplear con ella la palabra “criada” que tanto le gustaba utilizar a mi nuera–, había dispuesto ya los platos sobre la mesa: queso de oveja curado en la soledad oscura de una cueva y regado con aceite de oliva virgen, láminas de bacalao con salsa de calabacín y albahaca, solomillo de ternera con guarnición de setas de cardo y, como complemento ideal, un tinto de la cooperativa de mi pueblo, un vino perfecto para una cena que mi estupidez llegó a creer perfecta. Por eso, cuando vi a la desgraciada de mi nuera añadiendo una nada despreciable cantidad de gaseosa sobre el vino de su copa –¿dónde diablos encontraría la gaseosa? –comencé a sentirme mal, insultado, humillado.

La encerrona me aguardaba impaciente en los postres. Reconozco que no sospeché nada –al menos evité así que se me indigestara el arroz con leche–, ni siquiera cuando sacaron aquellos documentos por triplicado que debía firmar y que “no me comprometían a nada que yo no quisiera hacer”.

– Todo es reversible, padre. Le aseguro que si usted cambia de opinión con el tiempo, esta cláusula de aquí le garantiza la recuperación de sus bienes. Nos haremos entonces cargo de la nueva situación como sea. Y sobre todo, sepa que cuidaremos de usted. No debe preocuparse por nada.

(...)