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Lector incansable, G. David Peralta ha escrito este libro sólo por el placer de compartirlo con otros lectores. A pesar de las enormes dificultades que editar un libro conlleva, David no ha cesado de intentarlo y este es el resultado: su primer libro publicado.
Canario, amante de la lectura y el cine, dedica su tiempo a ampliar sus conocimientos y aprender, como buen curioso, de todo aquello que él admira.
La vida está llena de casualidades y diferentes suertes, pero ahí está, la primera parte, la que más cuesta y quizás la más importante, ya está conseguida.
Cinco chicos viajan en un coche para ir a pasar unos días de vacaciones, y cuando pasan por el túnel de La Laja, quedan atrapados en él. Un año más tarde, aparece el coche al otro lado del túnel con sólo dos chicos. Uno de ellos está muerto y el otro traumatizado por lo que les sucedió allí dentro. ¿Qué misterios guarda el túnel? ¿Qué sucedió con el resto de los chicos? ¿Secuestro? ¿Asesinato?
Adéntrate en el túnel y descubre lo sucedido siguiendo a los entrañables personajes que componen esta historia: la psiquiatra Bianca Rojas, el inspector José Mckin y el chico superviviente, Tommy.
El teléfono sonó en la sala, Bianca dio un respingo de susto, estaba tan absorta poniéndose las medias, que podría haber entrado un ladrón en la casa y robar en sus propias narices y no se habría dado cuenta; salió corriendo hacia la sala y descolgó el auricular.
– ¿Diga? –Respondió mirando el reloj de pulsera suizo que lleva siempre desde que se lo regaló su ex novio hacía ya dos años.
– ¿Bianca? –Dijo una voz procedente del otro lado de la línea. –Soy Brian, pon el canal cinco, hay una interesante noticia –añadió el colega de Bianca.
–Un segundo –dijo ella cogiendo el mando a distancia de la tele y pulsándolo – ¿Es lo del caso Ramírez?... – Y aparecieron en su mente las imágenes de el señor Ramírez matando a su mujer con un revolver del 27; y a sus dos hijos de 10 y 15 años con un cuchillo de cocina, ya que no le quedaban balas en la recámara para todos; seguidamente se entregó a la policía. Su abogado alegó enajenación mental. (...)