INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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Edgar Caprotti J. (Madrid, 1963) ha publicado anteriormente dos libros:
¿Por qué los perros no tienen apellidos? y Una novela y varios relatos para pasar el rato. El libro a pedales es su tercera obra.
"Este libro viene a ser el homenaje definitivo a una ciudad tan capital en España como es Madrid y, sobre todo, a sus habitantes… salvo al taxista ese que el otro día quiso darme una vueltecita cuando iba hacia el Bar Los Calamares, en Francisco Silvela, aunque yo le había dicho claramente que iba a Francisco Silvela-50. Lo había cogido en el cruce de Goya con Alcalá dirección Manuel Becerra, pero él quiso dar la vuelta hacia abajo, para meterse por General Díaz Porlier, la primera a la derecha si se baja por Alcalá; pero él tenía que ir de frente por el camino más corto, como si yo fuera Caperucita Roja y él el lobo que me quiere llevar por el camino más largo haciéndome ver que es el más corto. Le advertí antes del giro, ya que lo correcto era ir hacia la plaza de Manuel Becerra vía Goya arriba y luego girar hacia la izquierda para entrar en Francisco Silvela, hasta llegar al susodicho bar. Al final, tomó mi indicación, teniendo que retroceder un poco hacia atrás, pues venían coches desde Narváez, y hasta un autobús desde Conde de Peñalver. Pero la excusa del taxista fue que creía que no se podía doblar; eso sí, con una amplia sonrisa de lado a lado".
Dentro del Corsa sólo se oía el ruido del motor, pero la cara de Flora se encarnaba según avanzaban calle abajo, hasta que Jimmy rompió el silencio:
-¡Aaaaaaaaaatchiiiiiiiiiisssssssssss! -estornudó, llenando de agüilla el cristal interior del parabrisas. Flora sacó un paño amarillento de la guantera y lo limpió con una mano mientras giraba por una bocacalle a la derecha. Luego, añadió:
-¿Pero qué se habrá creído este gilipollas de Chacho, él, que ni siquiera tiene coche?
-¡No te sulfures, Florita, pero la verdad es que tiene algo de razón! Este coche es del año de la pera y es un poco de aspirante a pijo en los 80 -añadió Jimmy.
Juanca le refrendó:
-¡Sí, de hecho yo no me suelo montar en ningún coche de menor clase que un Seat Panda!
Flora, con la piel volviéndosele lila, pegó un frenazo, pues el semáforo se había puesto en rojo y se volvió hacia Juanca:
-¡Pero cacho idiota, un Corsa es mejor que un Seat Panda!
-¡Ya, pero no un Seat Panda chapado en oro y con incrustaciones de diamantes, que es el que suele llevar mi tercer padrastro, el mismo con el que me llevaba a la Universidad el chófer de mi segundo padrastro y al colegio el mozo de comedor de mi primer padrastro!
(...)