El fracaso de lograrlo

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-751-0
Nº Páginas: 142 pags
Género: Relato
Formato papel
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Autor/es: 

Diego G. Mourin 1968. Argentino de nacimiento, trotamundos por opción. Estudió y se graduó en la universidad para tratar de compensar lo que la naturaleza le negó de inteligencia.

Trabajó de todo un poco, administrativo, camarero, vendedor, profesor universitario y consultor empresarial; ahora solo hace que trabaja. Durante años torturó mentalmente a alumnos de postgrado y empresarios con cursos sobre el desarrollo de habilidades de dirección empresarial y personal. Este es su primer libro (y algunos desean que sea el último…). Actualmente, no logra ubicarse en este mundo, y aún no sabe si es porque no encuentra su lugar o porque realmente no existe ese lugar.

Cuando puede, y le dejan, es consultor especializado en organización y estrategia empresarial.

Título:
El fracaso de lograrlo

Este libro, a través de una autocrítica del propio autor, intenta ser un espejo en el cual uno pueda reflejarse y entender porqué invertimos tanto tiempo y esfuerzo haciendo cosas que realmente no deseamos.

La idea es tratar de entender porqué muchas veces nos sentimos incompletos, a pesar de nuestros logros y éxitos. Una de las respuestas a este planteamiento es que no existe una sincera conexión entre lo que realmente sentimos y pensamos, con lo que finalmente hacemos. Pero entonces, ¿por qué lo hacemos? Porque en el fondo no nos conocemos y además nos dejamos influenciar por los estereotipos de la sociedad consumista en la que vivimos. Es por esto, que padecemos el síndrome del “Fracaso de lograrlo”. Conseguimos “logros” que no son los que verdaderamente valoramos y deseamos. Esto nos deja vacíos por dentro y con un dejo de frustración. Una de las maneras más eficientes de romper este círculo vicioso es cuestionarse a uno mismo.

Este libro intenta ser sólo un punto de reflexión, en el cual cada uno pueda verse a sí mismo. Las respuestas a la gran mayoría de nuestros interrogantes, no están allí afuera; están dentro de nosotros.

Leer un fragmento:

Dicen los que saben que la satisfacción de los deseos y las necesidades, dominan nuestro accionar. Este parece ser un principio básico de economía, y los expertos en marketing lo saben muy bien. Nadie hace nada si no obtiene un beneficio a cambio. No nos olvidemos de que el beneficio no tiene porqué ser económico. Muchas veces hacemos cosas por un beneficio espiritual o emocional y no necesariamente por bienes tangibles. Si ayudo a cruzar la calle a un anciano, seguramente lo haré porque la satisfacción que me genera esa acción será mayor al esfuerzo que me implica ayudar al anciano. En otras palabras, el beneficio que obtengo es mayor al coste de mi acción. Expresado en términos un poco más técnicos sería: «Independientemente de aspectos monetarios, todos actuamos conforme a nuestro interés personal. Y dicho interés personal es aplicable a las acciones más sublimes como a las más pedestres»29.

Entonces, si mis acciones están enfocadas a satisfacer un deseo o una necesidad, primero debo saber si ese deseo o necesidad es real, y si realmente es algo propio (yo lo deseo voluntaria y libremente) o es algo que la sociedad o alguien nos transfirió (o nos inculcó).

Antes de meternos de lleno en este tema, permítame contarle una historia muy curiosa a mi humilde entender. Si hacemos un poco de memoria (en mi caso me remito a los libros porque de memoria, ni el teléfono de casa…), en la mitología griega, el dios del deseo era Eros. Hasta aquí nada curioso, pero si buscamos quiénes eran sus padres, podemos decir que la cosa se complica. Nuestro dios del deseo, Eros, es hijo de Afrodita y de Ares. Vale, ¿y? Lo interesante es que los padres son, los dioses del amor y de la guerra respectivamente. ¿No le parece una cosa extraña? Que el deseo provenga justamente de la unión del amor y de la guerra.