El craneo de Mozart

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-997-2
Nº Páginas: 338 pags
Género: Novela
Formato papel
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Autor/es: 

Haroldo Forcillo nació en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Además de escritor, es médico, concertista de guitarra y pianista. Bohemio incorregible, ha recorrido el mundo con la música, habiéndose presentado en sitios tan dispares como restaurantes, hoteles, y teatros importantes, entre los que cabe destacar el legendario “Teatro Colón” de la ciudad de Buenos Aires. También actuó como solista con Orquesta Sinfónica de la Provincia del Chaco. Ha ecrito las novelas “Sin Salida”, “El Himno de los Muertos”, “Anatomía de un exilio”, “El Demonio de los ojos de Halcón”, “El Caucásico” y “Sombrero negro”. También se desempeñó como crítico musical y columnista en periódicos de su país. Actualmente ejerce la medicina en la ciudad de Marbella, donde vive desde hace más de diez años.

Título:
El craneo de Mozart

¿Pertenece a Wolfgang Amadeus Mozart el cráneo que se exhibe en el mozarteum de Salzburgo?

Para develar el interrogante la Cadena de Radiodifusión Austriaca toma la iniciativa de someter la reliquia a un estudio genético, para lo que cuenta con la ayuda de un prestigioso laboratorio forense. Por su parte, el gobierno no desea mantenerse al márgen del histórico acontecimiento, y contrata los servicios de una célebre genetista. Pero una secta aria considera al cráneo un codiciado objeto de poder y aguarda el resultado de la investigación para apoderarse de él a cualquier precio. La trama se complica cuando en la secta se oculta un mercenario que deberá asesinar al primer ministro británico, de visita oficial en Viena. Los servicios de inteligencia reciben el chivatazo e infiltran un espía para abortar el atentado.

En esta trama policíaca donde la realidad y la fantasía estan separadas por una línea borrosa, el lector no sólo será testigo del trabajo de los científicos para determinar el origen de un hueso centenario: también vivirá pasajes de inusitada violencia, pasiones amorosas e interesantes revelaciones sobre la masonería, la misteriosa Orden Secreta a la que perteneció el genio de Salzburgo.

El cráneo de Mozart tiene como escenario a Viena, la mítica ciudad donde el más genial de los compositores musicales vivió sus últimos y más fructíferos años.

Leer un fragmento:

31 DE DICIEMBRE DE 2005

LONDRES

Montana no sabía qué le dolía más: si la cabeza o el puñetazo de Gus Benton. Se frotó la nuca y echó una ojeada a la última ventana de la segunda planta. Era el despacho de Donovan. Como entre brumas su cerebro reprodujo la escena del bar y el altercado con Benton. Reconoció haberse excedido. Donovan era buen un tipo y no se merecía que le tocaran las narices. Claro que jamás hubiera imaginado que iría a buscarlo en un bar, y menos que lo acompañaría un energúmeno que daría media vida por ponerle una mano encima. Pero ellos también estuvieron flojos. Para algo se habían inventado las palabras.

La primera sorpresa fue que Gus lo recibiera con una sonrisa en los labios.

-Hola, chaval, te ves de maravilla-dijo el gorila-. Por lo visto dormiste bien la mona.

-Me apliqué una dosis de anti-despertares difíciles.

¿Sabes tú lo que es eso, soplapollas?

Gus le extendió una de sus manazas, y dijo:

-Sin rencores, chaval. ¿Hacemos las paces?

Montana lo miró a los ojos y dudó un instante. Acto seguido estrujó diestra del gorila. Así sabría lo que podría ocurrirle si llegaba a cazarlo de las pelotas.

Gus le pidió que lo siguiera, y un ascensor los llevó a la oficina del jefe.

La segunda sorpresa de Montana fue la sonrisa de Donovan y el abrazo de oso. ¿Quien dijo que la noche anterior hubo algún roce?

El despacho era monástico, con el piso cubierto por un tapete de color incierto, el inevitable retrato de la reina y la bandera del Reino Unido. Además de los objetos que suelen existir sobre cualquier escritorio, en el de Donovan había un retrato del primer ministro, con una afectuosa dedicatoria al pie. A juzgar por el texto, podía decirse que los ligaba una estrecha amistad. Como en toda oficina policial, no podía faltar una cafetera con media docena de pocillos.

Si Montana había estado allí un par de veces era mucho. Por eso no tenía por qué saber que uno de los paneles de madera que cubrían las paredes era una puerta simulada. Tampoco que esa puerta comunicaba con un microcine de veinte butacas. Donovan lo invitó a ponerse cómodo e hizo una seña a Gus Benton.