El corazón de mi poesía

Coleccion Basica

ISBN: 978-84-9923-390-1
Nº Páginas: 202 pags
Género: Poesía
Formato papel
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Autor/es: 

Desde joven escribí estudiantinas y murgas que luego cantábamos los mozos y las mozas en las plazas del pueblo. Con las propinas se compraba un cordero y una arroba de vino, y con música de acordeón bailábamos en el campo, ¡lo pasábamos bomba!

Mi vida no fue un camino de rosas. Fui a la escuela desde los seis a los ocho años, y con esta edad me fui al campo a guardar ovejas. Junto con el pan, en el zurrón llevaba un libro. Labré la tierra, domé toros que después enganché al carro, arranqué monte, hice carbón... y todas las faenas del campo.

Me siento satisfecho porque el trabajo de mi mujer y el mío dio su fruto. Tengo la gran satisfacción de haber plantado árboles, haber criado a dos hijos y haber publicado un libro a la edad de ochenta y dos años.

Título:
El corazón de mi poesía

Hoy vengo a felicitar
los años a mi papá,
yo sé que te gustará
este abrazo y este beso,
no hay cosa que iguale a eso,
nada lo puede igualar.
Yo no tengo capital
para hacerte un gran regalo,
pero te vengo abrazar
con cariño y con halagos.
A ti te sentí decir
en más de una ocasión,
que para hacerte feliz
basta con que el corazón
de un hijo sientas latir,
golpear con emoción
cuando se abrazara a ti.
¿Habrá mayor ilusión
para un padre o una madre
que ese abrazo de pasión
que se da al felicitarles?

Leer un fragmento:

LA PERA QUE PUDRIÓ EL CESTO
Todo es nuevo,
Un día subí a un peral
y llené un cesto de peras
a mano y también tratadas
que te daba gusto verlas,
con su chapa colorada
y su amarillo de cera,
con un olor que invitaba
los deseos de comerlas
Cuando me bajé del árbol
había una pera en el suelo
que se debió de caer
cuando yo movía el pero,
no es que quiera exagerarlo
mejor que aquellas del cesto.
La miré y no la vi daño,
la puse junto a las otras,
se fue pudriendo despacio
hasta que las pudrió todas.
Debí de ponerla aparte,
nunca debí confiarme,
siempre que exista un peligro
es preciso vigilarle,
porque si así no lo haces,
una pera, pudre un cesto,
¡y no vale lamentarse!

 

(...)