INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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África Arroyo cursó estudios de Naturopatía en el Heilpraktiker Institute de Barcelona. Actualmente trabaja como quiromasajista. Su gran amor y su pasión por los animales le llevaron a embarcarse en la aventura de El Beso del Gato. Desde hace más de diez años, es voluntaria de la SPAM (Sociedad Protectora de Animales de Mataró), lugar al que acude casi a diario y donde se dedica a pasear y a brindar su cariño a los perros más viejecitos y necesitados, animales en los que piensa emplear parte de los beneficios que obtenga con El Beso del Gato, su primera obra, y que, en palabras de la propia autora: “No será la última”.
El Beso del Gato es la historia de ocho gatos narrada por ellos mismos. Cuentan cómo fueron abandonados en la calle y posteriormente rescatados por la autora del libro; explican cómo vivieron ellos ese primer encuentro y, a partir de ahí, según su particular manera de ver a las personas, las cosas, así como en general a todo lo que les rodea, nos hablan, nos reprochan, nos aconsejan, discuten entre ellos, sacan sus propias conclusiones e inventan situaciones extremas, muchas de las cuales podrían ser inimaginables e impensables para nosotros, pero que, sin embargo, bajo esta peculiar perspectiva ante la vida, resultarán ser lo más lógico y natural del mundo para los protagonistas.
Asimismo, cantan, bailan, recitan poesías, comentan refranes, escriben historias... Tanto es así, que uno de ellos, de su propia zarpa y letra, escribe una peculiarísima y original versión de una de las batallas más conocidas de todos los tiempos: Caballo de Troya, en la que un gato llamado Wenceslao, déspota, astuto y, sobre todo, glotón donde los haya; eso sí, muy polifacético él, puesto que canta, baila, recita, se disfraza, inventa personajes y cuando se le cruzan los cables habla con acento andaluz, se valdrá de todas sus mañas y artimañas, para desbancar del trono al mismísimo Menelao, Rey de Esparta; y por si esto fuera poco, relata, firmando con su propio y singularísimo sello literario, otra historia no menos conocida por todos, como es la de Caperucita Roja.
El Beso del Gato es un libro que mezcla la realidad con la ficción, en el que no falta el sentido del humor y que, sin ninguna duda, llegará a tocar de lleno la fibra sensible de todo aquel que ama a los animales, y en especial, a los gatos.
Y la tercera opción, la cual consideré podría tratarse de una comida sólida, sería, unas finas lonchitas de jamón dulce arrolladito, y que al morderlo, y a modo de sorpresa, nos encontráramos, con unos copitos de delicioso queso de cabra. ¡Um qué rico! ¡Um qué rica, tiene que estar la comida sólida! Me dije. Sólo de pensarlo, se me estaba haciendo la boca agua. Y, como acto reflejo, casi sin darme cuenta, acabé relamiéndome los bigotillos. Y es que no había para menos, ya que todos estos suculentos y apetitosos platos se presentaban en mi imaginación, con un muy buen aspecto, y sin duda alguna, pensé, tendrían aún mucho mejor sabor. De repente, se abrió lentamente la puerta, y apareció El Hombre.
En una mano portaba un sencillito plato de barro, y en la otra venía sosteniendo una especie de cuenco. ¡Huy! ¡Huy! ¡Huy...! No quería ser pájaro de mal agüero, mejor dicho, gato de mal agüero, pero aquellos dos recipientes me daban a mí, muy, pero, que muy mala espina. Por cierto, hablando de espinas, ninguno de esos dos platos me olía ni a sardinitas fresquitas, ni a pechuguitas doraditas, y mucho menos a rollitos de jamón dulce, rellenos con sorpresitas de queso de cabra. El Hombre dispuso ambos platos en el suelo, muy bien colocaditos, uno justo al lado del otro, y me dijo:
—Bueno, Miau, ésta va a ser tu nueva comida a partir de hoy. Se llama pienso. Es lo más recomendable y lo mejor que puedes comer. En él, encontrará tu organismo, todos los nutrientes necesarios para que el día de mañana te conviertas en un gato fuerte, sano, robusto y vigoroso. Y esto otro que ves en este recipiente es agua, necesitarás beber mucha y a menudo, puesto que es muy sana, saludable y natural. Y ya sin dar muchas más explicaciones, y dándome una palmadita en la cabeza como conformándome, desapareció por la misma puerta por la cual había entrado, dejándome allí, solo ante el peligro.
(...)