Dispensario de cuentos mágicos

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-15534-37-2
Nº Páginas: 122 pags
Género: Narrativa
Tamaño: 15,3x21,6
Año de edición: 2012
Formato papel
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Autor/es: 

ROSARIO SÁNCHEZ ROMERO, nació en Barcelona en 1977, aunque ha pasado la mayor parte de su vida en Alcaraz (Albacete).

Actualmente reside en Puerto del Rosario, en la isla de Fuerteventura, donde ejerce como fiscal. Constituye esta obra, Dispensario de cuentos mágicos, su primera incursión en el género del relato corto. Con este libro se pretende únicamente la recaudación de fondos para fines benéficos.

Título:
Dispensario de cuentos mágicos

Dispensario de cuentos mágicos recoge once inquietantes relatos en los que sus personajes, de un modo u otro, dan la mano e invitan a La Muerte a formar parte de su historia, asumiendo ésta un papel privilegiado.

Dichos encuentros se combinan con la descripción de las sensaciones de cada uno de los protagonistas en conflicto consigo mismo y/o con los demás, y con la presentación de los vicios consustanciales del ser humano, como el egoísmo, la soledad no deseada o la falta de sentido de la vida.

Leer un fragmento:

Sombra trémula

Faltaban apenas un par de horas para sumar otro día, estéril y preñado de fracasos en el largo y poco envidiable haber de mi vida. Malhumorada, como de costumbre, cerré el libro de Geografía sin entender ni una sola palabra de movimientos orogénicos, plataformas continentales o taludes… Y me concedí el deseo de soñar, acercándome al estante de libros jurídicos, tocando con la yema de mis dedos cada uno de los tomos, con distancia, con respeto, con la sensación de estar haciendo algo malo, no permitido. Me ilusionaba pensar que el resto de mi vida la pasaría peleando de estrado en sala con la inusual verborrea y simpatía que derrochaba con extraños, como mi madre mezquinamente decía, vestida de negro riguroso, representando y defendiendo a los más variopintos personajes. Presentía que tendrían que pasar muchos años hasta poder alcanzar aquella meta. Tenía diecisiete años y tres asignaturas pendientes que me habían condenado a pasar las bochornosas y caniculares tardes de verano rodeada de libros y apuntes manoseados por los compañeros a los que la vida había premiado con aprobados y vacaciones en la playa. Oteé algunos libros para anestesiar mis penas: “Teoría Jurídica del Estado”, así rezaba el título del impecable volumen rojo secuestrado que ahora yacía entre mis manos, de J. A. Martínez del Pino. Lo devolví a su estante y repetí la operación. “Garantías y Protección de los Derechos Fundamentales”, de Mercedes Rojas Dorado. Miré el reloj, y comprobé que pasaban algunos minutos de las nueve. Precipitadamente devolví el último libro al deslustrado anaquel, cayendo de entre sus páginas un pequeño papel negro salpicado con lunares irregulares de sangre en el que se podía leer:

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado.
P.N