INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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José Miguel Jiménez Vaquero, al que muchos conocen como Chemi, nació en Valladolid un frío enero de 1970. De la mano de su inseparable INSILE –seudónimo- dio sus primeros pasos en el mundo literario a través de diversos escritos menores y de aprendizaje. Gracias a los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle), congregación a la que pertenece, se fue formando como maestro. Es diplomado en Teología y licenciado en Filología Hispánica. Su ser de poeta, del que da sus primeros indicios en su más temprana adolescencia, se va desarrollando al amparo de su tío Félix Antonio González, -poeta, pintor y periodista- y bajo la influencia de su tío-abuelo Obdulio Vaquero, también poeta. De ellos aprende el oficio de literato y va purificando estilo y técnica. Su afición lectora, que abarca tanto los clásicos como la literatura actual, le concede un aprendizaje mayor y múltiple. Asimismo, su labor docente le empuja a una renovación de mente y planteamientos constante que, quizá, se hacen vida en su obra. La publicación de este libro comenzó a gestarse en la tierra de Santander donde, probablemente sea presentado, y culmina su ejecución en la atalaya de la montaña asturiana en la que, en éste momento, vive y ejerce su tarea como educador.
“Escribir es mostrarse a los demás, plasmar una manera de pensar, de inventar y de soñar. Pero cuando lo que se escribe es poesía, se desnuda el alma. Se rompen esas barreras internas que todos tenemos y se traspasa esa línea imaginaria que limita lo cotidiano en nuestro día a día: las formalidades, apariencias y sentimientos, muchas veces controlados o escondidos, para adentrarse, navegando en los versos, en esa otra parte de nuestro ser que se ha nutrido de horas de soledad, miedos, rebeldías, tristezas, dudas y esperanzas.
La poesía de José Miguel Jiménez Vaquero está impregnada del sentimiento de búsqueda, de preguntas y convencimientos. La vida, su vida, la ha ido observando desde esa atalaya que da título a este libro. Ha necesitado buscar un lugar elevado para intentar abarcar tantos matices en los paisajes del ser humano. La calidad de su poesía serena, reflexiva y profunda, nos indica que lo ha conseguido”.
Juan Carlos Gago
¿Qué escondes, poeta,
tras los bosques de palabras?
¿Miedos, amores, esperanzas?
¿Retazos acaso de existencia?
No escondo nada, no,
mis versos, ¡cantan!
(...)