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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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Miguel Ferrández Payo, médico psiquiatra, ejerce como Jefe Clínico en el Centro Neuropsiquiátrico Nuestra Señora del Carmen, de Zaragoza (HH. Hospitalarias) y en su propia consulta. Su orientación es la psiquiatría dinámica y la psicoterapia psicoanalítica, y su campo de interés preferencial, la aplicación del psicoanálisis a la psiquiatría (especialmente a la depresión grave unipolar/bipolar), así como la historia de la relación entre ambos.
Además de la presente obra, es autor del libro Karl Abraham y la sucesión a Freud (En el Comité Secreto, a través de su correspondencia completa), publicado en CULTIVALIBROS.
La depresión melancólica, universal trastorno descrito desde la antigüedad, no se transformará en enfermedad física “ni aunque se descubra el correlato somático de los trastornos psíquicos” (Tellenbach). La comprobación del efecto limitado de las medicaciones ha reafirmado a la psicoterapia. La “dinámica”, encaminada a comprender los procesos psíquicos inconscientes se nutre del psicoanálisis. A un siglo de las contribuciones iniciales se revisa la primera época, previa a la diáspora de los psicoanalistas europeos, en búsqueda de las aportaciones originales mediante una exposición anclada a la literalidad plasmada sobre una maqueta conforme al modelo médico que facilita el visionado clínico.
Respondiendo al desafío de Ey a sostener las tesis psicoanalíticas acerca de la melancolía desde la ligazón lógica y a la llamada de Ebtinger a la comprensión de su sentido en base al diálogo epistolar entre Sigmund Freud y Karl Abraham —psiquiatra berlinés formado con Bleuler— se pretende demostrar que su obra, subsumida en la del maestro, es diferente, anterior y más estructurada y enraizada en la clínica. Su prematura muerte afectó gravemente a la aplicación del psicoanálisis a la psiquiatría e influyó en su discípula, Melanie Klein.
Desde la psiquiatría deseo reivindicar su extraordinario aporte pionero en ideas propias condensadas de valor, creatividad y originalidad extraídas con rigor de la clínica. Englobadas usualmente en la teoría freudiana, busqué anteriormente (Ferrández 2008) e insistiré en ello, en remarcar sus particularidades a través de la obra y la correspondencia, con el objetivo, de intentar demostrar que constituían una teoría unitaria diferenciada: la denominada teoría biológica (Dio de Bleichmar 1978), según Mitchell (1988), una de las tres tendencias básicas subyacentes en el pensamiento y en la praxis del psicoanalista actual.
Karl Abraham fue el primero que se introdujo en las psicosis “utilizando ante todo medios psicoanalíticos” y, con los únicos y breves antecedentes en el psicoanálisis de la depresión de Maeder (1911), Brill y Jones, el autor pionero en el tema que tratamos por lo que se le denominado el “padre psicoanalítico de la melancolía” (Caparrós 2004). Hablaba de “afecciones cíclicas” bajo el vocablo kraepeliniano “manish-depressives Irresein”, así como Freud empleaba el término “melancholie” en Duelo y melancolía en referencia a “estados melancólicos francos” (Widlocher 1983), que para Gero y Tellenbach corresponderían a melancolías bipolares, a diferencia del typus melancholicus de éste último, que como él mismo -inquirido por Ebtinger- se ocupó de delimitar, correspondía sin embargo a unipolares (delimitación entrevista por Pichot como el único gran avance de la clínica psiquiátrica de los trastornos afectivos del siglo xx. (Stagnaro 2006). Me referiré por tanto a la melancolía del trastorno bipolar. Si tanto él como Freud se cuidaron bien de ocuparse de casos clínicos bien diferenciados, y por tanto, no sujetos a descrédito desde la psiquiatría clásica, entiendo que no ha sido así por la mayoría de sus continuadores (Ey 1980), a pesar de haber requerido la atención de los psicoanalistas con mayor experiencia psiquiátrica. Será objeto de otro trabajo revisar la vacilante proposición de Widlocher de emprender la vuelta a la distinción clásica entre depresión melancólica y las formas neuróticas con el protagonismo respectivo de la agresión y la herida narcisista, “concepción frecuentemente defendida desde que la psiquiatría existe, por haber nacido en y por el descubrimiento mismo de la melancolía” (Ey 1978).