Crónica del blanco al rosa

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-787-9
Nº Páginas: 290 pags
Género: Narrativa
Formato papel
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Autor/es: 

Escritor de formación autodidacta que nace en Valencia. Gran aficionado a los libros desde la niñez, va cimentando en su interior el alma de escritor desde temprana edad, plasmando en Diarios el acontecer del transcurrir de su vida. Pero su “despegue” literario le surge con gran pasión al producirse su jubilación laboral, con lo cual al disponer de libertad y tiempo suficiente para dedicarse a su pasión literaria, van surgiendo, al principio, obras de reflejo autobiográfico y posteriormente le llega la inspiración y la fantasía que siempre existió en su mente creadora para escribir otro tipo de literatura.

Título:
Crónica del blanco al rosa

La novela trascurre en los años 40 y 50 en un ambiente de fuerte influencia religiosa y cortapisas morales, propio del gobierno autócrata de la época, y refleja el despertar de un niño al mundo de los sentidos, especialmente al poder del sexo y su circunstancia. Luego, conforme se va haciendo adolescente, va adentrándose en el mundo de los adultos y en el descubrimiento del amor.

Leer un fragmento:

Capítulo 7

UNA TARDE DE CUMPLEAÑOS

La gruesa y bondadosa señora Regina, además de ser una magnífica repostera, echaba las cartas y adivinaba el porvenir de las vecinas y familiares que se atrevían a que les leyese el futuro. Era muy alegre y estaba muy gruesa, por lo que parecía derrochar salud, a pesar de que era diabética, aunque se cuidaba poco, según comentaba mi madre. Sin embargo su marido, el señor Rafael, era de complexión débil y arrastraba los pies al caminar a la vez que andaba encorvado. Trabajaba de administrativo y en las horas libres practicaba el pluriempleo llevando representaciones de chocolatinas y caramelos y llegaba muy tarde a su casa, a la hora de cenar, cargado con una voluminosa cartera donde llevaba los muestrarios. En el mismo piso, que, en realidad, eran dos unidos, vivía también la tía Manola, hermana de la señora Regina, aunque más mayor que ella y además soltera. Se ocupaba de ir a comprar y de ayudar en las labores de la casa y de los cuatro hermanos, sobre todo del último que había llegado a este mundo, que era todavía un bebé.

Aquella tarde la señora Regina nos había preparado una opípara merienda, a base de chocolate con leche a la taza, unos panecillos dulces, tipo brioches, y una tarta de nata y chocolate. Nos juntamos en la fiesta el cumpleañero Rafael, su hermano Miguelín y su hermana Reginín, así como seis niños más del barrio y dos primos y una prima del celebrante.