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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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José Carlos Gil Marín nació en 1969 en Santa Cruz de Tenerife, ciudad en la que reside. Es licenciado en Derecho y en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Escritor y periodista, alcanzó en 2003 el grado de Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado desde 1996 más de 500 artículos en la prensa tinerfeña y canaria de referencia sobre la realidad política y social de las islas. Igualmente ha publicado varias obras de diversos géneros (poesía, ensayo, novela…). Es premio “Encuentro en la Cultura” 1994 de poesía y premio “Retama”1998 de periodismo.
El autor se enfrenta en este trabajo de investigación a la continuación del estudio en profundidad sobre la posible presencia templaria o neotemplaria en Canarias durante los siglos xiv, xv y xvi y al presunto papel de los templarios o de determinadas órdenes neotemplarias en la evangelización y conquista de Tenerife y de Canarias; así como igualmente al análisis de una imagen altamente simbólica: la Virgen neotemplaria de “La Candelaria” de Tenerife, Patrona de Canarias, ubicada actualmente en Adeje, según su criterio.
Este libro nos presenta una posible interpretación de su código oculto; nos presenta, desde sus líneas de investigación, una hipótesis desencriptadora de su mensaje desde el conocimiento científico, pero también desde la tradición iniciática. Y lo hace con un lenguaje ameno desde el rigor científico-histórico.
En esta obra también se analizan la simbología y los misterios tanto de la Virgen estudiada como del enclave donde actualmente se ubica: la iglesia de Santa Úrsula, localizada en la referida villa del sur de Tenerife, en Adeje…
¿Pudieron los templarios dejar “símbolos” de su presencia en lugares referenciales de Tenerife?... Este libro tratará de –además de descifrar los posibles misterios neotemplarios tinerfeños– desentrañar la presunta conexión neotemplaria en forma de imagen mariana existente en la isla del Teide.
CAPÍTULO SEGUNDO
LA VIRGEN NEOTEMPLARIA
DE LA CANDELARIA EN ADEJE.
UN MISTERIO VIVO.
Pues bien, prosigamos con el mismo… Una talla considerada por la Iglesia Católica facsímil de la original de la Virgen neotemplaria de “La Candelaria” puede contemplarse y venerarse actualmente en la iglesia de Santa Úrsula, en Adeje, en la isla de Tenerife. Mas todo apunta para nosotros a que la misma no es un facsímil, una reproducción, sino la imagen original de la Virgen simbólica y sincrética de “La Candelaria”. Veamos el porqué desde un punto de vista histórico. Esta talla de Adeje presenta una aureola de misterio sobre su origen, aureola que nos ha hecho plantear la posibilidad sobre si ésta se trata o no de la verdadera Virgen de “La Candelaria” que encontraron los pastores guanches en las playas de Chimisay y que, por algún motivo oculto, habría ido a parar al feudo de los marqueses de Adeje, a la parroquia de Santa Úrsula, parroquia desde 1560, que tan celosamente la guarda en la actualidad tras férreas rejas sin hacer alarde alguno de su identidad. Antes de 1560, año en que fue promovido el Beneficio de Adeje, ya existía un primitivo Templo puesto bajo la advocación de Santa Úrsula construido, al igual que la Casa Fuerte de Adeje –de la que ya hablaremos–, y según determinadas fuentes, sobre tagorores aborígenes. El tagoror era el lugar de reunión y de toma de decisiones de los guanches, aborígenes de Tenerife. Siempre los “lugares especiales” son lugares especiales para todas las culturas… En estas fechas residía en Adeje el potentado Pedro de Ponte. Se considera que sobre este primitivo Templo comenzó la construcción de la actual iglesia. Podemos así inferir la influencia neotemplaria en la construcción del mismo, ya que la Orden de los Caballeros de Cristo subsistirá autónomamente en Portugal hasta 1551 y la influencia portuguesa en Tenerife durante el siglo XVI fue más que evidente. Según el historiador José Rodríguez Moure, en la noche del 7 de noviembre de 1826 presentose sobre Tenerife y Candelaria –enclave primigenio de la Virgen– uno de esos temporales de viento y lluvias torrenciales que en períodos más o menos largos suelen visitarla y que, por desgracia, siempre dejan hondas huellas de su marcha destructora. Continúa el historiador haciendo mención a un hecho insólito: la capilla o iglesia provisional que aún subsistía comunicaba con las obras del nuevo Templo (en construcción desde 1789 tras el devastador incendio que lo asolara) por una puerta a los pies de la capilla, que en la noche de ese día, por “un descuido”, quedó abierta. Describe a continuación la reacción de los frailes dominicos, encargados del cuidado del Santuario, ante la violencia del temporal: dejar sus celdas y refugiarse en la cueva que servía de morada a los marqueses de Adeje para pasar las fiestas, y que quedaba dentro del traspatio del convento. En este refugio que la inclemencia de la lluvia les obligó a tomar, aunque “calculaban” que la casa y capilla estaría toda mojada, no se preocuparon del Santísimo Sacramento y de la Santa Imagen, pues creíanlos libres de todo riesgo por la altura de las hornacinas o nichos donde los tenían reservados en la pared del fondo de la capilla… ¡No se preocuparon de salvar el Santísimo Sacramento, que debe ser protegido con la vida de todo religioso!… ¡Curioso olvido!… ¡Olvido que no había ocurrido años atrás durante el devastador incendio de 1789, poniendo incluso y durante el mismo en peligro su vida los religiosos para salvar el Santo Sacramento y la Santa Imagen!… Porque, ante la llegada de un temporal, ¿cómo pudieron ser los frailes tan poco previsores?… Desde que empezaron las lluvias hasta que las aguas del barranco tomaron el caudal necesario para llevarse hasta doce casas de la plaza, debieron de pasar varias horas. Entonces, ¿por qué los frailes, encargados del cuidado y de la seguridad de la Virgen, no se llevaron con ellos y hasta su refugio a la Santa Imagen?… Y, ¿cómo olvidaron cerrar la puerta de la capilla que guardaba en su interior la tan preciada Virgen?… No fue la pasividad la actitud de los frailes de Candelaria en una tragedia anterior a la de la desaparición, pero todavía cercana temporalmente a ella: la del devastador incendio de 1789, ya apuntado. Curioso contrasentido actitudinal… Veamos la relación de los hechos del incendio de 1789 según Rodríguez Moure: “… Pero todo este adelanto espiritual y material, en unas cuantas horas desapareció como noche de encantamiento. En la noche del 15 de febrero de 1789, poco después del toque de la queda, iniciose un voraz incendio, que extendiéndose a todo el edificio, con una aceleración pasmosa, –pues lo favorecía la resecación de las maderas y el viento huracanado que se presentó-, en cuestión de pocas horas redujo a pavesas la obra de 250 años. Como el lugar era entonces de corto vecindario y los hombres en su mayor parte pescadores, hallábanse en la mar, en los primeros momentos del incendio encontráronse solos los religiosos; y acudiendo los unos a contener el fuego y los más, con unas cuantas mujeres animosas del pueblo, dedicáronse a salvar el Sacramento, la Sta. Imagen y todo lo del culto, lo que consiguieron, no sin grandes pruebas de heroísmo. Así fue que del Tesoro de la Virgen…nada pereció, siendo lo más notable, que depositado todo en la playa y sin que nadie quedara a su cuidado, no faltó ni se perdió pieza de plata ni de oro, por pequeña e insignificante que fuera”(13).¿Tanta rapidez y tanta heroicidad ante el devastador incendio de 1789, y no se toman las mismas medidas por prácticamente los mismos protagonistas ante una inundación y unas lluvias que darían más tiempo para reaccionar desde su comienzo hasta la tragedia acontecida?…