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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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Pablo Z. Zúñiga, un día cualquiera de sus catorce años, cogió un papel y lápiz, para expresar en él sus sueños, que muchas veces terminaban en pesadillas. Sintió la necesidad de grabar en unas hojas todas esas pesadillas y sueños que, a veces, lo hacían saltar de su cama al suelo en mitad de la noche, empapado en sudor como baldazo de agua fría al recibir el frío viento que lo abrazaba al salir de su cama y se despertaba en el acto, pero seguía asustado porque a pesar de estar despierto aún seguía viviendo esas pesadillas. Fue así como empezó su afán de escribir sus sueños, sus pesadillas, y fusionarlos con leyendas urbanas etc.
Carretera 777, es la historia de un ingeniero de minas, que tras recibir una ambiciosa oferta de trabajo, decide coger a su familia y viajar a la ciudad de Varna lugar del trabajo. Pero en la vida no hay mal que por bien no venga, aunque desafortunadamente en esta ocasión fue para mal. A escasas horas antes de iniciar su trabajo le llaman de la central y, seguidamente, se vera metido en un enredo que cambia de manera radical sus expectativas y su vida.
Estefan se puso a indagar todo lo que pudo. De pronto surgió en su cabeza una idea y la puso a prueba. Cuando transcurrieron siete días de lo sucedido, ese sábado se dirigió a la misma hora, pensando encontrarla en el mismo sitio, aferrándose a su hipotética idea de que, por alguna razón había escogido Dana aparecerse siempre en las fechas y horas que den con el siete. Quizá en realidad el siete era un número “sagrado”, o tal vez maldito. Recordó haber leído en la Santa Biblia, en el Apocalipsis, el toque filarmónico de las siete trompetas, tocadas por siete ángeles que estaban en pie ante Dios, y el primero tocó su trompeta y hubo granizo mezclado con sangre; luego el séptimo sello también recordó algo que tenía que ver con una mujer que iba montada en un dragón escarlata de siete cabezas, los ángeles con las siete postreras plagas. Aceptó lo enigmático que era para él el número siete, ya que la semana tiene siete días, los pecados capitales son siete también, recordó también los mensajes a las siete iglesias, como el mensaje a Efeso, el mensaje a Esmirna, el mensaje a Pérgamo, el mensaje a Tiatira, el mensaje a Sardis, el mensaje a Filadelfia, y el mensaje a Laodicea. Todos esos mensajes iban dedicados a siete ángeles, cada uno de ellos en su iglesia. Recordó que uno de ellos decía: “Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: el que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro”. Pensó que algo sagrado era el número siete y que por eso había escogido Dana esas fechas que tenían casi siempre que ver con el siete para aparecerse ante él.