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Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 91 50 60 975
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José Carlos Gil Marín nació en 1969 en Santa Cruz de Tenerife, ciudad en la que reside. Licenciado en Derecho y en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Escritor y periodista. Alcanzó en 2003 el grado de Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Abogado. Asesor Jurídico del Gobierno de Canarias entre 1994 y 1999.
Ha publicado desde 1996 más de 500 artículos en la prensa tinerfeña y canaria sobre la realidad política y social de las islas, así como varias obras de diversos géneros (poesía, ensayo, novela…). Es premio de poesía “Encuentro en la Cultura” (1994), y premio “Retama”, de periodismo (1998).
2009: Dan Brown, autor de El Código da Vinci, best seller mundial sobre El Santo Grial en 2003, se convertirá igualmente en mito referencial sobre la conspiración Illuminati y la arquitectura fundacional del Washington masónico de los Padres Fundadores con su obra El símbolo perdido, que nos habla de una Verdad escondida en Washington, en la capital del Imperio. Una Verdad que de revelarse haría cambiar al mundo.
21 de enero de 2009: Barack Hussein Obama, 44º Presidente de Estados Unidos, se ve obligado a repetir su juramento presidencial debido a los errores “fortuitos” del primer juramento. Y lo hace en la Map Room de la Casa Blanca ante el cuadro de uno de los arquitectos masones edificadores de la ciudad de Washington, obviando en su segundo ritual la presencia de La Biblia cristiana. ¿Casualidades? Las casualidades no existen, existen las causalidades.
Una de ellas es, precisamente, la que ha producido en su origen la decisión de redactar Barack Hussein Obama. El presidente de El Símbolo Perdido. Que el lector, desde la heterodoxia de la razón, se enfrente a su contenido.
Después de leer este libro el lector sabrá más, pero también dudará más. Porque la duda es lo que nos hace humanos en estos tiempos de crisis, en estos tiempos de oportunidad, en estos tiempos de cambio.
Y entonces -como un último intento para evitar la desesperación y el agobio que me embargaban- puse la tele, esa hipnotizadora alienante de la mente humana que preside la mayoría de los hogares del primer mundo, de Occidente, tratando de encontrar un murmullo de fondo que aliviara mi malestar para así caer en las redes del subconsciente no ya colectivo de Jung, sino individual y froidiano. Pero ya lo dice el Budismo, nada es azar, todo está maravillosamente trazado y conectado. Y lo pretendido no sucedió… Porque hasta el minúsculo gesto de encender un televisor en un piso de una calle madrileña a una determinada hora de un día cualquiera de verano, y el hecho de que estuviese en ese momento sintonizada una determinada cadena, hizo posible entonces la causalidad. Y fue, en verdad, uno de los motivos principales que actuó como detonante para escribir este libro.