Angelica, urbi et orbi

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-655-1
Nº Páginas: 186 pags
Género: Novela
Formato papel
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Autor/es: 

El autor: Francisco Payo Díaz, llegó a la vida bajo el signo de Aries, y se manifiesta aceptablemente adaptado a su edad y circunstancias. Paciente sembrador de historias, tiene nueve libros publicados hasta la fecha, y en el entretanto ha ganado numerosos premios en las diferentes corrientes o disciplinas literarias, esto es: novela, teatro, relato, poesía y literatura infantil.

Título:
Angelica, urbi et orbi

Angélica, urbi et orbi, la primera novela de la trilogía EL FUEGO QUE NO CESA, es la historia de Carlos Frías, un sacerdote que ama a Dios y de una manera muy especial a Providencia: una vendedora de objetos religiosos enamorada de Turriano: un sicótico eternamente agradecido a su benefactora, Angélica: una obesa y peculiar cortesana que adora y desea a Carlos Frías... Cuatro personajes que configuran esta especie de tapiz literario tejido con la urdimbre del amor, los celos, la ilusión, el erotismo, el miedo, los remordimientos, el crimen, la locura... Dos hombres y dos mujeres, cuatro vidas de carne, sangre y sentimientos persiguiendo la sombra siempre escurridiza de la Felicidad, esa quimera fugaz e irrenunciable para todos los hombres y mujeres que fueron, que son y que serán...

Leer un fragmento:

El sueño de esta noche de otoño crudo no le llega nítido a Angélica, y es porque un puñado de perturbadoras obsesiones le desfigura el cristalino de sus ojos húmedos y en incesante duermevela.
Los santos de la parroquia de San Renato, todos iluminados y mostrando sobre sus hombros el iterativo rostro cínico y hermoso de su vicario del alma, del dueño y señor de su corazón de obesos latidos, se han sentado alrededor de su cama para recordarle los milagros y sacrificios del Cristo decrépito y sufriente que preside el retablo del altar mayor.
¡Ay, qué noche tan angustiosa y triste!
Angélica transpira un mar de inquietudes y desazones físicas y psíquicas, envuelto su cuerpo en una pegajosa y ardiente película de humores propios.
Piensa la abundante mujer que si el espíritu tuviese músculos, serían las agujetas de su alma las causantes de tan molesto insomnio. Pero el alma, en teoría careciendo de materia, se supone indolora, incolora e insípida.
Sin embargo, a falta de la corporeidad objetiva del ánima, están los bucles neuronales del entramado cerebral, y éstos sí que mortifican con sus reiterados sonsonetes, transformando en amarga hiel las lágrimas que se estrellan contra las compuertas de los ojos.