INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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Salvador Moret Martínez, nace en Paiporta (Valencia). En 1960 emigra a Zürich, Suiza, donde el conocimiento de la lengua francesa le ayuda a dar los primeros pasos. Después aprenderá aleman e italiano. Colaborará con empresas españolas para introducir sus productos en Suiza y Austria. Era responsable del Departamento comercial de la Cámara de Comercio Hispano-Suiza, en Zürich. En los 60 vaija por primera vez a Viena, Praa y Berlín, antes de la construcción del famoso muro. En Zürich estudia enología, consigue el título de Diplomado en Comercio Exterior y también especialiaza en el sector de la contactología. En 1979 se instala en Madrid para dirigir un laboratorio suizo pionero en lentes de contacto.
Miguel, un investigador privado de poca monta, se ve de pronto involucrado en un asunto que alterará el ritmo de su vida hasta ahora un tanto rutinario, y se las tendrá que ver, junto a su cliente, cuya trayectoria no deja dudas a un pasado escabroso, con una banda internacional de malhechores, gente sin escrúpulos y dispuestos a todo. Individuos con evidentes ambiciones desmesuradas. El dinero y la corrupción quedan agazapados detrás de la trama, en la que no faltan políticos sucios con trayectorias tan turbias como la de los forajidos y malandrines, quedando meridianamente claro que las ambiciones desmesuradas, por naturaleza, anidan en el ser humano, no importe su condición social, y se encuentran tanto en los bajos fondos como en las altas esferas. Y pese a todo ello, el lector encontrará que no todos los hombres caen en las redes de la ambición, y que a veces, con riesgo de sus propias vidas, luchan contra el mal… y también contra sí mismos.
Capítulo XI
Los dos compinches, el Gordo y el Pelao, se aburrían en la misión que tenían que cumplir ahora, pero los dos coincidían que esto era mucho más cómodo que los encargos que tenían que hacer por la costa, donde se pasaban los días recorriendo los diferentes pueblos de la región amenazando, ora a pequeños comerciantes que se hacían el remolón a la hora de cumplir con sus pagos, ora a las meretrices que no hacían suficientes servicios como para cubrir los mínimos ingresos que les exigían sus protectores. Pero, claro, también tenían entonces su recompensa que ahora echaban en falta, cual era su fácil acceso a todas aquellas mismas jóvenes que amenazaban y extorsionaban con métodos tan poco lícitos como perversos, si lo de fácil se entiende actuar con esas miserables premisas. Así pasaron unos cuantos días, aburriéndose, sin hacer nada y lamentándose de lo que les faltaba, hasta que de pronto Chibirov les ordenó que a partir de ahora seguirían vigilando la casa, pero uno durante el día y el otro durante la noche. Naturalmente, esta orden venía dada por Vladislab ante la sugerencia de su lacayo, quien entretanto ya había hablado varias veces con su jefe y nunca se había atrevido a mencionar sus quejas y su deseo de no seguir trabajando más con Aslan. Tenía la intención de hacerlo cada vez que tomaba el teléfono, pero como aquel siempre estaba de mal humor, le faltaba el valor para insinuar lo más mínimo que pudiera enfadarle aún más. Y así resumía que en la siguiente ocasión, si lo encontraba de mejor humor…
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