Algo que contar

Coleccion Cultiva

ISBN: 978-84-9923-662-9
Nº Páginas: 196 pags
Género: Narrativa
Formato papel
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Autor/es: 

Mis orígenes, andanzas, actividades, éxitos o fracasos personales, querido lector, poco importan.

Quizá ahora Vd. esté dudando si adquirir o no este libro que azarosamente ha caído en sus manos. Considera si verdaderamente tendrá algún punto de interés, algo nuevo, alguna perspectiva distinta que enriquezca su espíritu, una chispa que prenda en su interior y le haga sentir pasajeramente bien o mal. Mi consejo, que no tiene por qué seguir, es que decida libremente. Para ello, nada mejor que ojearlo, leer unos párrafos sin orden, aquí y allá, adelante y atrás, y después déjese llevar por el instinto.

Salud y buena suerte.

Título:
Algo que contar

Esta colección de diecinueve relatos está estructurada en dos partes diferenciadas cronológicamente. La Primera Parte, toma como escenario el ámbito rural de la España de tiempos pretéritos; la Segunda Parte, establece su campo de operaciones en la ciudad, a veces insolidaria, del momento y lugar que nos ha correspondido vivir. Retazos de la vida cotidiana, del pasado y del presente, son tomados como excusa para pincelar los claroscuros de los sentimientos humanos.

Los personajes que habitan estos relatos son seres atrapados por la sociedad de su tiempo, unas veces inconscientes verdugos guiados por instintos primarios y en ocasiones víctimas de su propia vacuidad.

Leer un fragmento:

Tarde de domingo

Aquel reducido espacio, cada tarde de domingo, se volvía ensordecedor y, debido al humo del tabaco, la atmósfera cargada e irrespirable. Allí, en la única taberna del villorrio, durante unas horas, conviviendo jóvenes y viejos, se aglomeraba una buena parte de los habitantes del pequeño pueblo. Al espacio original, un rectángulo de cuatro por cinco metros, diferenciado por un rústico arco de albañilería, se le había anexado una salita contigua. Era la zona destinada a los más jóvenes, a los muchachos y muchachas en edad de retozar.
Aquella tarde, la Juana y tío Lucio, habían rehusado jugar la partida dominical de tute. Tomaban como contrincante a cualquier otro matrimonio, el que surgiera. Puro entretenimiento. Nada se jugaban. Una forma de romper la monotonía cotidiana, un estímulo para hacer más llevadero el paso lento y uniforme del tiempo. Simplemente. Un café, unas copitas para arañar un poco de alegría, y la partida de cartas como excusa. Y, de algún modo, vigilar las amistades y evolución de la juventud. La Juani se encontraba entre ellos, haciendo bromas y riéndose desordenadamente con un grupo de chicos y chicas de su edad. Ese día había estrenado una minifalda que a tío Lucio le había parecido excesiva, pero la Juana le había restado importancia, arguyendo que no era más que una niña. Lo cierto, y eso es lo que molestaba a tío Lucio, es que, cualquier movimiento brusco, su falda subía y bajaba como un batir de alas dejando su braguita momentáneamente al descubierto. Verdaderamente nada extraordinario ni mucho menos censurable, y en eso la Juana tenía razón, no era más que una niña de quince años. Además, era la revolucionaria moda de aquel verano del sesenta y seis que estaba causando furor, y, la Juani, hija tardía y única, siempre obtenía lo último y novedoso.
– Entonces, ¿no te animas? –Le preguntó la Juana gritándole con la boca pegada a la oreja.
Tío Lucio negó con la cabeza a la vez que se llevaba la mano al estómago.
– Son las cinco y media. Si quieres, nos vamos –volvió a gritar con un deje de contrariedad.
Era pronto para lo acostumbrado. Cuando jugaban la partida, nunca volvían antes de las siete. La Juana pensó en ello, pero acabó aceptándolo con un gesto de resignación.
Al salir, por entre el gentío, buscó con la mirada a la Juani, pero no consiguió verla.