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EL
TAMARINDO
LA CEBOLLA
En una ocasión me acerqué a una cebolla
y oí un susurro en su interior.Prestando mucha atención
tenía algo de sugerente ese sonido, pero no entendía nada.Además
la cebolla me parecía poco atractiva y me olía mal, aunque
sabía que en medio de una ensalada o de un guiso podía
hacer muy buen papel.Llegué al día siguiente y oí
otra vez el susurro.Preso de curiosidad, quité algunas capas
de la cebolla.Entonces descubrí que lo que había dentro
era una mujer.Pero su voz resultaba torpe y desagradable.No le di más
importancia y olvidé el asunto.Pero meses después, por
casualidad, volví a pasar por allí.Entonces, no sé
por qué, en un momento fugaz, me pareció muy interesante
lo que decía.Arranqué unas cuantas capas con avidez.
Ella parecía muy satisfecha y me animaba.Empecé
a escucharla mejor y vislumbré algo de su rostro.Pero no me pareció
que valiera la pena seguir.Días después ella me llamó
al pasar.Me acerqué, aunque su presencia me resultaba antipática
y un poco maloliente, y además no me gustaba nada la cubierta
de cebolla.Pero en un instante pronunció una frase muy breve
que me arrebató.Le quité más capas, y después,
no sé bien cómo, empezó a hacerlo ella misma.Trabajaba
de un modo desesperado pero no conseguía gran cosa.Otra tarde
que pasé por allí vi sus ojos y tenían un destello
increible.Estuve toda la noche acordándome de ellos.Así
pasaron años y años. Ella seguía quitándose
capas y capas, cada vez se la percibía más, allá
al fondo, pero nunca llegaba.A ratos me cautivaba, pero no dejaba de
oler mal, de decir estupideces, y además la cebolla era muy desagradable.La
gente se burlaba de mí porque me acercaba de ese modo a una cebolla.Pero
yo de cuando en cuando seguía haciéndolo.Un día
me encontré con otro hombre que me apartó de allí;él
había entablado relaciones con la mujer escondida.Yo me alejé
sin lamentarlo demasiado.
Sin embargo, un tiempo después el hombre se
alejó dolido y desengañado.Me acerqué a la cebolla
y la mujer estaba frustrada y medio rota.Seguí acercándome
de cuando en cuando.Cada vez se quita más capas.Ya puedo distinguirle
bastante bien el rostro, y a veces me cuenta recuerdos del pasado teñidos
de encanto.Tiene ocurrencias que me encandilan.Sin embargo, no puedo
librarme del malestar que me produce el olor a cebolla.
Antonio Costa
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